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Maud Wagner, la primera mujer tatuadora de la historia

6 noviembre, 2018

La vida de Maud Wagner, acróbata circense y primera artista femenina del tatuaje

Hace algún tiempo hablábamos de George Burchett, apodado como “El Rey de los Tatuadores” por su espíritu pionero, dedicación constante y estilo único de trabajo. Pero, ¿alguna vez te has preguntado quién fue la primera mujer tatuadora de la historia? Aunque nunca se puede saber con total seguridad, puede que ya se tenga respuesta para ello: Maud Wagner, una increíble artista con mucho mundo a sus espaldas que, según dicen, fue la primera mujer tatuadora de la que se tiene constancia.

Si te interesa el tema y quieres saber un poco más de ella, ¿por qué no sigues leyendo? Lo que viene a continuación puede que te guste… 😉

¡Empezamos!

Retrato de Maud Stevens Wagner (1911). Acróbata, trapecista, contorsionista y, que se sepa, primera tatuadora de la historia. Fuente: Pinterest. Maud Wagner, la primera mujer tatuadora de la historia
Retrato de Maud Stevens Wagner (1911). Acróbata, trapecista, contorsionista y, que se sepa, primera tatuadora de la historia. Fuente: Pinterest

Desde el inicio, diferente

Originalmente Maud Stevens, no fue la típica dama que a todos nos viene a la cabeza cuando pensamos en “la feminidad en el siglo XIX”: Nació en 1877 en Kansas, y en cuanto creció un poco se internó en el amplio universo circense. Se convirtió en una magnífica contorsionista, trapecista y acróbata en todo tipo de espectáculos, con los que recorría circos itinerantes de todo EE.UU, y en uno de ellos conoció al ex-comerciante Gus Wagner. Él había recorrido el mundo y había vuelto cubierto de tinta de arriba abajo, que exhibía en circos ambulantes para ganarse la vida. Esta se esparcía entre sus más de 300 tatuajes, y no solamente se los dejaba hacer, sino que aseguraba haber aprendido a tatuar en compañía de tribus asiáticas durante sus viajes. Al parecer los dos artistas se gustaron mutuamente, y cuando al bueno de Wagner se decidió a proponerle una cita, Maud aceptó a cambio de que él fuera su maestro y le enseñara a tatuar.

Maud Wagner siendo tatuada por su marido Gus, a principios de 1900. Fuente: HK01. Maud Wagner, la primera mujer tatuadora de la historia
Maud Wagner siendo tatuada por su marido Gus, a principios de 1900. Fuente: HK01

El preciso stick and poke

Se quisieron mucho. Tuvieron una hija, Lotteva, que empezó a tatuar a los nueve años bajo la vigilancia de Maud y Gus, y con exactamente el mismo tipo de técnica que ambos utilizaban: el stick and poke (literalmente “palo y pinchar”), una técnica tradicional usada antiguamente en la civilización a partir de las prácticas tribales, que requiere de una gran cantidad de paciencia y mucha práctica. Consiste, básicamente, en mojar un palillo especial en tinta e ir “pinchando” la piel del cliente, insertando el color con lentitud. Como es lógico no es lo mismo que la rapidez de la pistola (que, por cierto, ya existía cuando Maud, Gus y Lotteva tatuaban), pero tiene su propio encanto y permite realizar diseños de una belleza especial, que no se logra mediante pistola.

Retrato de Maud y Gus Wagner a principios de 1900. Fuente: HK01. Maud Wagner, la primera mujer tatuadora de la historia
Retrato de Maud y Gus Wagner a principios de 1900. Fuente: HK01

Lienzos inseparables

Desde que se conocieron, Gus y Maud no buscaron más: incluso antes de casarse, él empezó a cubrir la piel de su esposa de tatuajes, y ella aprovechó los pocos espacios que quedaban en la de su marido para practicar. La señora Wagner amaba especialmente los diseños relacionados con la naturaleza y la feminidad, como los animales salvajes, la vegetación de la selva y las mujeres semidesnudas, y eso era lo que él solía tatuarle. De hecho, en las escasas fotografías que existen donde se la ve descubierta, se aprecian los detallados dibujos en sus hombros, su escote y sus brazos.

También existen, todavía, registros de los diseños en papel de Gus Wagner, pero lamentablemente no es igual en el caso de Maud. Aunque sí hay imágenes en las que se la ve tatuando, la fama marginal que tenía el tatuaje en la época en la que vivían hizo poco posible que alguno de sus diseños sobreviviera al tiempo.

Rompiendo estigmas

Maud fue una mujer de carácter, llena de decisión y con unas grandes ambiciones. Pero nunca fueron la gran fama o la fortuna, sino el poder cambiar el mundo: tras su amor por un arte tan desvalorizado existía el sueño, consciente o no, de que en algún momento la sociedad tomara al tatuaje como una práctica aceptable. Y el “más difícil todavía”: que se considerara a las mujeres dignas de vivirla a su manera, como los hombres hacían pese a los prejuicios y los pesados constructos sociales.

Algunas fotografías de Gus Wagner. Fotografía superior: Maud tatuando a Henry, el hermano de Gus; y Gus tatuando a Dora, su cuñada. Fotografía inferior: Maud, Dora y Gus posando entre cañones. Fuente: HK01. Maud Wagner, la primera mujer tatuadora de la historia
Algunas fotografías de Gus Wagner. Fotografía superior: Maud tatuando a Henry, el hermano de Gus; y Gus tatuando a Dora, su cuñada. Fotografía inferior: Maud, Dora y Gus posando entre cañones. Fuente: HK01

El matrimonio, junto con su hija, abandonó el circo y vivió en diversas residencias esparcidas por todo el país, ganándose la vida como tatuadores profesionales y como atracciones humanas en ferias y festivales. Tanto los diseños de Maud como los de Gus sorprendían al público por lo simples pero hermosos que eran, muy trabajados y tratados durante el tiempo que fuese necesario para garantizar el mejor resultado. Debido a eso, su popularidad fue en constante aumento, y de algún modo Maud alcanzó ese sueño que compartía con su esposo, extendiendo la cultura del tatuaje por los todavía hiperconservadores EE.UU. y, de paso, demostrando que los dichos no eran ciertos: las mujeres tatuadas no eran rameras, criminales ni problemáticas, solo damas apasionadas por la tinta sobre su piel, como otras lo estaban por la tinta sobre las páginas de sus novelas favoritas de romance.

Solo recorriendo el camino humildemente, sin mirar a los lados y viviendo tal y como creía, Maud Stevens Wagner consiguió aprovechar su talento y ser feliz. Falleció un 30 de enero de 1961 en Oklahoma.

¿Y por qué no das a conocer aún más su obra compartiendo, dando “like” y/o comentando a este artículo en tus redes sociales? Ya sabes que siempre agradezco tu pequeña-gran aportación 😉

¡Nos leemos en el siguiente post!

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