Saltar al contenido
Arte en todo – Tu web de todas las artes

Sarah Goodridge, historia de un retrato sin rostro

13 agosto, 2018

La independencia y decisión de Sarah Goodridge, una mujer adelantada a su tiempo

Las miniaturas de Sarah Goodridge se convirtieron, en su momento, en unas de las más cotizadas de la época. Nacida en Templeton, Massachusetts, un cinco de febrero de 1788, demostró desde muy niña sus amplias aptitudes para el arte. Sus mayores aficiones eran el dibujo y las acuarelas, que trataba con cariño y devoción, y eso no cambió, ni por un instante, durante toda su carrera.

¿Has oído hablar antes de ella? Tanto si es así como si no, acompáñame hoy si te apetece, y conozcamos juntos a una de las artistas independientes más exitosas de EE.UU.

'Autorretrato' de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1829). Fuente: Pinterest. Sarah Goodridge, historia de un retrato sin rostro
‘Autorretrato’ de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1829). Fuente: Pinterest

Orígenes humildes

La formación académica de Sarah fue la que sus padres buenamente se pudieron permitir, ya que era la sexta hija de una humilde familia campesina. Pero para sus estudios artísticos, la joven se valió casi al completo de su propia tenacidad y capacidades. Fue casi al cien por cien autodidacta (recordemos que, a finales del siglo XVIII, era impensable que una mujer se ganara la vida con el arte), y en diversas ocasiones no contaba con los recursos suficientes para comprar papel, por lo que dibujaba sobre superficies diversas, como por ejemplo en el reverso de la corteza de ciertos árboles.

Estudió durante un tiempo en un internado en Milton, donde vivía junto a su hermano mayor, pero fue en Boston, con 32 años, cuando inició su verdadera travesía artística:

Tras mudarse a la bulliciosa ciudad junto a su hermana Eliza, comenzó a asistir formalmente a clases de dibujo y pintura y a dedicar su tiempo libre a realizar retratos de proporciones diminutas pero de una calidad, exactitud y delicadeza completamente asombrosas. Al llevar pintando y dibujando toda su vida, sus conocimientos eran más empíricos que teóricos, y pese a no contar con demasiada formación previa sus habilidades deslumbraron a la población estadounidense. Gracias a ello, obtuvo sus primeros patrocinadores y tras eso los clientes comenzaron a llegar uno tras otro.

'Martha Goldthwaite' de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1825). Fuente: Pinterest. Sarah Goodridge, historia de un retrato sin rostro
‘Martha Goldthwaite’ de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1825). Fuente: Pinterest

Una mujer luchadora

Sus capacidades jamás dejaron de mejorar, y contra todo pronóstico, contra los prejuicios sociales y contra la realidad de la mujer de la época, las gentes interesadas en contratarla para que los plasmara en sus deliciosas acuarelas nunca cesaron sus pedidos.

Las miniaturas de Sarah Goodridge eran pintadas sobre materiales como la madera y, más adelante, el marfil. Para masterizar esta práctica recibió clases especializadas, y tras eso los contratos se hicieron más abundantes que nunca. Paso a paso fue amasando una pequeña fortuna de la que, como es natural, se enorgullecía profundamente, y con ella sustentaba la economía de su gran familia y la suya propia sin preocupaciones. Nunca se casó, ¡no tuvo la necesidad! Y solamente eso ya era, más que posiblemente, motivo de habladurías, envidias y prejuicios entre aquellos que la conocían sin conocerla realmente.

'Retrato de un caballero', de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil, enmarcada en camafeo. Fuente: Moisan-Inc. Sarah Goodridge, historia de un retrato sin rostro
‘Retrato de un caballero’, de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil, enmarcada en camafeo. Fuente: Moisan-Inc.

Belleza revelada

Entre sus mejores y más sugestivas acuarelas se encuentra una que quizá hayas visto alguna vez: Belleza Revelada (Beauty Revealed). Un trabajo sobre marfil encapsulado en una cajita forrada en tela roja, expuesto en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y que contiene una profunda e interesante historia detrás.

La miniatura muestra los pechos de la propia Sarah, expuestos por completo ante el espectador y rodeados de una tela blanquecina y de aspecto suave similar a la seda. Su piel es nívea, lechosa y aterciopelada, y sobre sus pechos resaltan únicamente los dos pezones rosados, de perfecta formación, y un sensual lunar canela sobre el pecho izquierdo. Por otro lado, uno de los detalles que más llama la atención de la obra son los contornos: rellenados en negro, aportan la innovadora sensación para la época de que el cuerpo de la autora emergía de la caja y sobresalía de ella, casi como si, de alargar la mano, el poseedor de la cajita pudiese tocarla.

'Belleza revelada', de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1828). Fuente: Pinterest. Sarah Goodridge, historia de un retrato sin rostro
‘Belleza revelada’, de Sarah Goodridge. Acuarela sobre marfil. (1828). Fuente: Pinterest

Y por si te lo preguntas: el poseedor fue Daniel Webster, un senador de Massachusetts de gran popularidad de quien Goodridge estuvo enamorada durante décadas. Cuando la esposa de Webster falleció, Sarah decidió hacerle un regalo de índole personal (quizá demasiado) y también mucho más atrevido de lo que cualquiera hubiese esperado de una dama como ella. Así que se puso manos a la obra y pintó Belleza Revelada. La acuarela se encontraría muchos años después en uno de los cajones de un mueble perteneciente al senador, pero su romance jamás se hizo realidad tal y como la soñadora artista hubiese deseado.

Final de su carrera

Lamentablemente, con 62 años Sarah empezó a perder la vista a una gran velocidad, por lo que no tardó ni un año en darse cuenta de que su trabajo como miniaturista había tocado a su fin. Se jubiló y, dos años después, falleció en su casa de Reading, Massachusetts.

Sarah Goodridge fue una mujer adelantada a su tiempo, una dama respetable que excavó su propio camino con ánimo y constancia, sin detenerse por nada ni por nadie. Dedicó su vida a hacer lo que más le gustaba en el mundo, y solo esa ilusión sincera, unida a su talento y esfuerzos como mujer independiente y trabajadora, la hicieron marcar la diferencia y descubrir que otra realidad, en efecto, era posible.

¿Por qué no extiendes su obra compartiendo, dando “like” y/o comentando a este artículo en tus redes sociales? Ya sabes que siempre agradezco tu pequeña-gran aportación 😉

¡Nos leemos en el siguiente post!

Te puede interesar: El exquisito arte de Rosario Weiss, discípula de Goya