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Lavinia Fontana, maestra y servidora del manierismo italiano

19 abril, 2019

La retratista estrella del primer barroco: Lavinia Fontana

Hoy te presento a alguien inesperado: Lavinia Fontana, ejemplo una vez vivo del cambio de las épocas, la evolución social y las primeras etapas del desarrollo de la mujer. Y es que hemos hablado varias veces ya de todas aquellas artistas que fueron poco o nada reconocidas en sus respectivas épocas, resultando relegadas a un mero segundo puesto o directamente bajo la sombra de los hombres que las rodeaban. Pero la pintora que vengo a presentarte hoy es todo lo contrario: el ejemplo de que ya en el siglo XVI había mujeres decididas a marcar la diferencia, y hombres lo suficientemente humildes como para no ponerles trabas.

'Autorretrato en el clavicordio con un sirviente', de Lavinia Fontana. (1577). Fuente: WikiArt. Lavinia Fontana, maestra y servidora del manierismo italiano
‘Autorretrato en el clavicordio con un sirviente’, de Lavinia Fontana. (1577). Fuente: WikiArt

Un inicio agradecido

Registrada por primera vez el día de su bautizo (lo habitual en la época), Lavinia Fontana nació un 24 de agosto de 1552 en Bolonia. Hija de Prospero Fontana, un maravilloso pintor de la Escuela de Bolonia, aprendió desde niña el oficio de mano de su padre, que no tardó en adivinar en ella un talento que no tardaría en igualar al suyo propio. Gracias a ese primer impulso artístico y profesional, podríamos decir, Fontana hija se terminó convirtiendo en una de las pintoras más apreciadas y con mayor cantidad de obras del primer barroco.

Inició sus estudios de arte formales con muy buen pie, asistiendo a la Universidad de Bolonia (la primera universidad en aceptar el ingreso de mujeres), no dudando en aprovechar la oportunidad. Sus aprendizajes académicos, sumados al bagaje artístico que ya cargaba de familia, forjaron rápidamente su estilo artístico: muy similar al de su padre, un manierismo tardío de potentes contrastes, temáticas muy definidas y una particular atención al detalle y la textura. Puede apreciarse fácilmente en el siguiente cuadro, que posiblemente hayas visto más de una vez: su retrato de Antonietta González, una de las hijas de Petrus González, un gentilhombre de la corte de Enrique II de Francia. La muchacha padecía hipertricosis, como su padre y tres de sus hermanos, pero aun así tomaba parte en muchas de las actividades de palacio.

'Retrato de Antonietta González', de Lavinia Fontana. (1595). Fuente: WikiArt. Lavinia Fontana, maestra y servidora del manierismo italiano
‘Retrato de Antonietta González’, de Lavinia Fontana. (1595). Fuente: WikiArt

Adelantados a su tiempo

Lavinia tenía un don especial para representar detalles como grabados y joyería en sus pinturas, y se le daban especialmente bien los retratos (con los que empezó su carrera y a los que tenía especial apego). Tanto así, que se labró sin ningún problema su caminito en la Roma de la época, ni más ni menos que bajo el mecenazgo del Papa Clemente VIII como pintora oficial de la corte.

Para entonces ya estaba casada con Gian Paolo Zappi, estudiante de su padre, con quien tuvo nada más y nada menos que once hijos y a quien hizo muy bien escogiendo: “Dios los cría y ellos se juntan”, dicen. Bien, pues como su mujer, Gian Paolo era un hombre atípico para el siglo en el que vivió. Pese a compartir profesión con su esposa, en vez de deshacerse en rivalidades no tardó en reconocer el talento de la mujer, y se convirtió en amo de casa. Así en frío, sí. Mientras él se encargaba de las labores domésticas y de tomar partido en la educación y la crianza de los hijos, su esposa pintaba para traer dinero a casa.

Esa “necesidad económica” no tardó en convertirse en una “ampliación de la fortuna familiar”, pues el talento de Lavinia le hizo grabar su nombre a fuego en los anales de la historia pictórica italiana, y todo eso llegó con las respectivas retribuciones económicas. La familia logró vivir acomodadamente gracias al trabajo de la artista.

'Sagrada Familia junto a Santa Catherine de Alexandria', de Lavinia Fontana. (1581). Fuente: WikiArt. Lavinia Fontana, maestra y servidora del manierismo italiano
‘Sagrada Familia junto a Santa Catherine de Alexandria’, de Lavinia Fontana. (1581). Fuente: WikiArt

Su fortuna alcanzó cotas tales que le permitieron cumplir uno de sus sueños: hacerse con una buena colección de antigüedades que almacenaba con cuidado y orgullo. Fue apreciada de muchas maneras: grabaron monedas con su retrato y se le ofrecieron diversos títulos y reconocimientos.

La evolución de un carácter

Toda su fama la cosechó como pintora en diversos ámbitos (como ya hemos visto tocaba también la pintura Religiosa y Mitológica), pero esencialmente como retratista, al igual que su padre. Y es que su estilo, aunque normativo para la época, era llamativo y elegante. Como ya comentábamos arriba, tenía ese don para representar piezas de joyería, telas y detalles específicos con gran fidelidad, y su estilo evolucionó de modo interesante a lo largo de los años: en sus inicios pintaba como su padre, naturalmente, y como todos esos artistas de renombre y talento que la rodearon desde la niñez (y es que en su condición de artista, fue criada en un ambiente sin igual que le enseñó a desarrollar sus capacidades y a moverse por el mundo).

Pero más adelante adoptó, lenta aunque deliberadamente, el estilo pictórico de aquellos artistas clasicistas que tanto admiraba: la familia Carracci, pertenecientes a la escuela boloñesa. Su estilo barroco capturó a Fontana y decidió hacerse con parte de ese deje regio y matizado.

'Minerva vistiéndose', de Lavinia Fontana. (1613). Fuente: WikiArt. Lavinia Fontana, maestra y servidora del manierismo italiano
‘Minerva vistiéndose’, de Lavinia Fontana. (1613). Fuente: WikiArt

Lavinia Fontana se distinguió en numerosas áreas, y podría considerarse una de las pioneras en la pintura femenina. Desde representar desnudos de ambos sexos, hasta ser reconocida por la crítica y el público y sus obras cotizadas al mismo nivel que las de un artista masculino; marcó una época con su carácter decidido, su esfuerzo y su talento innato. Y, aun así, su nombre sigue sonando poco en comparación con los de sus contemporáneos varones.

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¡Nos leemos en el siguiente post!

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