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La pintura en el arte abstracto. Parte 3: el Surrealismo

6 octubre, 2017

¿Rebuscados o increíblemente simples?

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Marc Chagall, ‘Yo y el pueblo’, Óleo sobre lienzo, (1911)

Algunos artistas, a lo largo de la historia, han considerado las obras expuestas en los museos como piezas tan exquisitas, que nada conseguirían si intentaran copiar sus estilos. “La perfección inalcanzable”, como algún crítico solemne podría asegurar con total convencimiento. Su belleza ya ha sido plasmada tantas, tantas veces, que el mundo del arte ha necesitado renovarse de forma continua, y una de esas veces fue el inicio del deseo de regresar a la infancia.

La inocencia de la juventud, su esencia primitiva, ¿la recuerdas? Espero que vivamente. Porque ese mismo espíritu, el del chaval de pueblo que sale a revolcarse por los campos o a jugar con los amigos, es el que tuvo una infuencia especial, mayor que la del expresionismo, el cubismo o ninguna otra forma previa de arte moderno. Ese cambio fue el que permitió tanto al público como a los mismos artistas, a partir de 1905, redescubrir la belleza del arte antiguo, como el visto en las ilustraciones medievales expuestas en los evangelios de la época. Y asimismo entender que, aunque les pesase, la formación académica no lo era todo a la hora de crear algo sobre el lienzo.

Inocencia y recuerdos

Henri Rousseau, un artista que vivió hasta inicios del siglo XX, demostró no saber nada de “lo correcto” a la hora de dibujar, de las técnicas artísticas ni de las formalidades. Pero hacía uso de una paleta tan rica y expresiva, y de un gusto tan particular, que fue encumbrado hasta la lista de maestros de la época. Lo mismo le sucedió a Marc Chagall (cuadro superior), un pintor ruso que llegó a París desde el gueto donde había pasado su vida. Ninguno de los dos autores permitió que sus recuerdos de la niñez se evaporaran, y experimentaron una ventaja considerable en la búsqueda de lo sencillo.

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Giorgio de Chirico, ‘El enigma de la llegada y la tarde’, Óleo sobre lienzo, (1912)

Ese primitivismo que usaban como temática y técnica para sus obras inició la persecución de la auténtica pureza. El arte llamativo y libre de cadenas comenzó a reclamar su sitio más que nunca, superando incluso la explosividad del expresionismo y la rebeldía calculada del cubismo. Grant Wood o Giorgio de Chirico fueron dos de los autores que no se dejaron impresionar por las reglas del mundo del arte. Permitieron que sus obras estuviesen plagadas de aquellos recuerdos de juventud que tanto amaban, así como de objetos, paisajes y figuras que lograban encajar en representaciones impropias de este mundo.

Aunque cabe mencionar, también, que no todos los artistas consiguieron alcanzar esa inocencia perdida. Para muchos resultaba forzado creerse ingenuos, su naturaleza ya no era esa; y la presión que ejercían sobre sí mismos en busca de la liberación artística les condujo, muchas veces, a la estupidez.

La realidad onírica

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René Magritte, ‘Tras el agua, las nubes’, Óleo sobre lienzo, (1926)

Pero existía una vía que hasta el momento apenas había sido explorada: el arte mediante escenas fantásticas o procedentes de sueños. Se habían pintado ángeles, espíritus y demonios, pero nunca desde la visión extravagante y descabellada que ofrecía la experiencia onírica.

Inspirándose en lo que veían en sueños o quimeras, autores como Salvador Dalí o René Magritte recrearon las realidades alternas de sus mentes, lo posible e imposible, escenas enmarañadas repletas del material de su imaginación.

Magritte, por ejemplo, fue parte importante de un grupo de artistas que se autodenominaron “surrealistas”. Ellos mismos acuñaron la palabra en 1924 para expresar sus ambiciosas intenciones, y el término se ha mantenido hasta nuestros días.

Gran parte de los ideales del surrealismo fueron infundidos por las teorías de psicoanalistas como Freud, llegando a maravillar a esos jóvenes pintores con la existencia del inconsciente. Muchos comenzaron a asegurar que era imposible crear arte desde la razón, y otros tantos se aficionaron a las drogas como el opio para abrir los canales y deshacerse de las sogas que les ataban al mundo terrenal. De ahí que los resultados de sus viajes a los rincones más inhóspitos de la imaginación resultaran, muchas veces, en verdaderas amalgamas de formas y colores, tan incoherentes como atractivas para aquel que las veía.

Muchas de las obras que nacieron durante el surrealismo hacían verdadero honor al movimiento abstracto al que pertenecían, y al mismo tiempo resaltaban ciertos aspectos de la realidad (fácilmente reconocibles desde el primer vistazo) que se fusionaban con aquellas partes difusas y etéreas, carentes de una silueta definida. Uno de los artistas que comenté más arriba, Salvador Dalí, hizo uso de esta concepción de modo especialmente magistral. Ocultaba formas y matices en sus cuadros oníricos, figuras con más de una interpretación y paisajes vistos desde varias perspectivas al mismo tiempo.

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Salvador Dalí, ‘La desintegración de La Persistencia de la Memoria’, Óleo sobre lienzo, (1952-1954)

Este ha sido un breve paseo por los inicios del surrealismo como verdadera forma de arte, ya no más una fantasía inalcanzable, sino un modo válido de expresión. Un paso más en el planteamiento de una realidad alterna, muy lejana al realismo más puro y a todas sus directrices y censuras, donde la imaginación se antepone al qué dirán.

Un movimiento tan rompedor que abrió un abanico de oportunidades para todo el mundo: sepamos o no de formalismos en el arte, de lo apropiado o de la estructura acertada de las cosas, todos soñamos. El surrealismo es ese oasis inclasificable que necesitamos, y del que todos podemos hacer uso. ¡No hay “correcto” o “incorrecto” cuando solo nosotros sabemos lo que pretendíamos plasmar!

Aquí toca a su fin esta tercera parte sobre la pintura abstracta, dedicada al surrealismo. ¿Te interesa lo que has leído? ¿Te gusta este movimiento artístico tan peculiar? Si es así, no olvides darle a me gusta, compartirlo en tus redes sociales y contarme qué te ha parecido. Siempre estaré encantada de conocer tu opinión 😉

Si aún no estás satisfecho, y te apetece seguir con este viaje a través de las distintas etapas del arte abstracto, te recomiendo que sigas de cerca mi blog porque pronto publicaré la cuarta parte.

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