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La pintura en el arte abstracto. Parte 1: los orígenes

4 octubre, 2017

Una nueva perspectiva

En un momento de la historia la pintura comenzó a recoger aquellos tabúes que nadie reconocía, aplicándolos valientemente sobre el lienzo. ¿La infelicidad? ¿La pobreza, la soledad? ¿El descaro de la juventud?

Algunos decidieron aventurarse también por otros derroteros, explorando áreas simples y cotidianas que ningún artista antes había considerado dignas de plasmar con el pincel, como una mesa puesta o un manido bodegón.

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Hilma af Klint, ‘Los diez mayores, Grupo IV, Número 3, Juventud’, Témperas, (1907)

Ahora bien: la diferencia siempre radicó (como bien vemos en la imagen de arriba) en el modo en que se hizo. En la perspectiva, en el color, en la forma; en la visión única de las cosas y en todas aquellas críticas que traía de la mano. El expresionismo, con sus formas impactantes y colores vivos, fue uno de los grandes encargados de llevar a cabo esta misión. Pero su configuración como forma de arte aún se amoldaba (en cierta forma) a lo que era considerado “correcto” a la hora de colgar un cuadro de una pared.

Lo que quiero decir con esto, es que a finales del siglo XIX y principios del XX muchos aún no soportaban pensar en experimentar con el enfoque, con la forma en la que el mundo se tomaba, con las formas “predefinidas” de las cosas que todos conocemos. El camino más manejable y seguro era este: representar lo visto de forma rigurosa, hallar el matiz exacto o plasmar todo lo que el espectador esperaba, del modo en que esperaba y en el orden, sentido y coloración que reconocía. Si no se hacía así (como era el caso del expresionismo) lo mínimo que el artista debía cumplir era demostrar que había “realidad” en su pintura, aunque fuera una pizca. Un banco de madera en una esquina, la silueta de una casa vieja derrumbándose a pedazos, los rasgos inequívocos de un rostro humano. Por muy feo, crudo u oscuro que fuera el resultado (detalle que, dicho sea de paso, era lo que más irritaba al público de la época en cuanto al expresionismo), la realidad tangible con la que todos interactuamos día a día debía estar presente. ¡Ya estaban siendo demasiado permisivos con todos esos puntos, líneas y manchas, por el amor de Dios! El expresionismo era un atrevimiento, que plasmaba mediante colores y psicodelia todo aquello que nadie quería ver: la pobreza, el dolor, la fealdad y la locura.

Era aceptado, aunque incómodo, y tirar más de la cuerda ya no se consideraría tolerable.

Un comienzo inseguro

Pero algunos autores emergieron de las profundidades más reivindicativas y misteriosas, y decidieron tirar de esa cuerda hasta romperla. Para ellos el arte se había convertido en algo demasiado previsible, demasiado limpio, demasiado superficial. Les aburrían todos esos escrúpulos, todas esas reglas pretenciosas y encorsetadas a la vez. Tomaron todos los conceptos que tanto gustaban a la gente, y los trastocaron sin esperar ser comprendidos.

Wassily Kandinsky, arte abstracto, pintura abstracta,
Wassily Kandinsky, ‘Black strokes I’ (Trazos negros I), Óleo sobre lienzo, (1912)

Eso ocurrió en el Munich de 1910 con Wassily Kandinsky. Podemos tomar a este famoso pintor ruso como el primer artista que no expuso en sus cuadros ningún objeto claramente reconocible, sirviéndose de las formas, los tonos y el emplazamiento de las figuras para lograr su resultado soñado. Kandinsky aborrecía los valores que construían cada vez con más fuerza la sociedad, y buscaba devolverla a aquella dimensión instrospectiva en la que colores y sonidos se complementaban. Publicó “De lo espiritual en el arte” en 1911, un libro donde exponía las primeras ideas puras sobre el concepto de abstracción.

Con sus tres primeros intentos de “música cromática” (pinturas con las que intentaba llegar a una unión espiritual tanto con el cuadro como con el espectador), inició lo que ahora denominamos arte abstracto.

Las consecuencias inmediatas

Para aquel entonces, aficionados y entendidos ya empezaban a agitarse. “¡Colores al tuntún! ¡Formas y manchas sin orden ni concierto!”

Sus mentes afiladas, entrenadas para criticar el más mínimo resquicio de indisciplina en la estructura de los cuadros, se habían visto forzadas a tomarse un descanso gracias a la rebeldía del expresionismo. Lo último que necesitaban era verse atacados por un estilo como el abstracto, en pleno nacimiento ¡y que ni siquiera utilizaba formas reconocibles que pudieran criticar! ¿Cómo asegurar que “las proporciones de este rostro son un disparate” si ni siquiera sabes decir si hay rostro o no?

Paul Klee, arte abstracto, pintura abstracta, óleo sobre lienzo
Paul Klee, ‘A young lady’s adventure’ (Aventura de una joven dama), Óleo sobre lienzo, (1921)

Hilma af Klint, Picasso y Klee fueron algunos de los inconformistas que se negaron a ceder ante la presión de aplicar las viejas técnicas. El obsesivo esmero por los detalles quedó atrás, e iniciaron un camino propio plagado de solidez, espontaneidad y la intensidad imprevista del que se deja llevar sabiendo exactamente adónde se dirige.

Aún ahora, la abstracción en todas sus vertientes es un movimiento algo incomprendido. Muchos (entre los que me incluyo) parecen perderse entre sus formas y construcciones, sus colores deslumbrantes nos impiden recordar que no siempre es necesario encontrar una conexión entre el título y el cuadro, y que en ocasiones es necesario ver más allá de lo que hay plasmado sobre el lienzo. ¿Cuántas obras abstractas has mirado, solo para terminar pensando que eran propias de un niño de tres años? Provocan sentimientos encontrados, pero también nos obligan a estrujarnos el cerebro, a corregirnos, a intentarlo, a observar mejor.

Aclaro que aún me cuesta apreciar este tipo de arte a la primera, pero en mi opinión no son solo láminas de preescolar. Son un reto.

Desde el inicio, el arte abstracto ha sido algo que se saca de las entrañas. Un fuego tan indomable que llega a parecernos incoherente, cuando lo que en realidad demuestra es la pasión más absoluta del artista, su deseo de huir de las restricciones y transformar el proceso creativo en la práctica libre que siempre debería ser.

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Pablo Picasso, ‘Les femmes d’Alger’ (Mujeres de Argel), Óleo sobre lienzo, (1955)

¡Aquí finaliza la primera parte de esta serie sobre la pintura abstracta! Hemos repasado un poco sus orígenes y las primeras reacciones que generó en el público, y vamos a tratar también las distintas ramas en las que el movimiento se dividió, algunos autores de interés y datos curiosos sobre esta forma tan peculiar de arte.

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