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Ilya Repin, y el mapa plástico de la psicología humana

29 noviembre, 2018

La introspectiva y analítica obra de Ilya Repin

En la época de los iconos religiosos y la adoración por sistema, en la que pintar a ídolos y retratar a personalidades de importancia era el camino seguro hacia el éxito, un hombre decidió dar un rodeo para abrirse paso sin dejar de ser fiel a sus creencias. Ilya Repin, nacido Ilya Yefímovich Repin, tocó una variedad de temáticas tan amplia y bajo una exquisitez y una profundidad tan asombrosas, que a día de hoy sus obras siguen sorprendiéndonos.

Lamentablemente no fue todo lo reconocido que debería (como sucede con muchos artistas, incluso a día de hoy), así que quizá no hayas escuchado nunca hablar de él y estés aquí por mera curiosidad. Así que, si te interesa, quédate a leer…

¡Empezamos!

'Retrato del zar Nicolás II' por Ilya Repin. (1896). Óleo sobre lienzo. Fuente: MusingsOnArt. Ilya Repin, y el mapa plástico de la psicología humana
‘Retrato del zar Nicolás II’ por Ilya Repin. (1896). Óleo sobre lienzo. Fuente: MusingsOnArt

Sin tapujos ni palabras

Nacido en 1844 en Ucrania, Repin siempre se mostró interesado por el arte, y en 1878, con 34 años, se hizo miembro de los “Itinerantes” (también llamados los Ambulantes o los Vagabundos, todo muy bonito): una sociedad rusa de pintores que siguió el realismo crítico que ya se había iniciado en 1860. Para no andarnos con tecnicismos, lo que estos señores pretendían era dejar claro como el agua su oposición rotunda y absoluta a las costumbres elitistas de la Academia Imperial de las Artes, que en la época no tenía mejor cosa que hacer que oponerse a todo lo que se saliese de la norma e imponer su sagrada potestad con cetro de acero.

Esta “rebeldía” posiblemente le viniera a Ilya de su infancia, donde se vio condicionado desde el nacimiento por el estado de su familia, como sucedía con cada ciudadano en ese punto de la historia del Imperio ruso. Las castas sociales eran algo todavía más marcado que en el resto del mundo, y la condición de militar y agricultor de su padre (lo que le convertía automáticamente en poco más que un sirviente sin cadenas para el Imperio) volvió a Repin hijo una copia de su padre a ojos de la sociedad. Aunque la realidad difiriese mucho de lo que los constructos del momento querían ver en él.

En realidad, Ilya Repin era un habilidoso artista que se destacó especialmente en las áreas de la pintura y la escultura, gracias a su especial forma de tratar los colores, las texturas, los contrastes (todo legado de su afición por el impresionismo) y, sobre todo, gracias a su versatilidad y su valentía a la hora de expresar. El arte ruso a partir de 1860, aproximadamente, inició un ascenso bastante interesante en eso de decir las cosas relativamente sin tapujos, quejándose cuando uno quería hacerlo y dejando cristalino todo lo que uno creía que faltaba en la estructura social y política. Pese a eso, algunas de las obras que más destacan de Repin son aquellas con tintes fantásticos, para las que se inspiraba en ficciones de la literatura clásica, en obras de teatro y en la mitología.

'Sadko en el reino submarino' por Ilya Repin. (1876) Óleo sobre lienzo. Fuente: Wikiart. Ilya Repin, y el mapa plástico de la psicología humana
‘Sadko en el reino submarino’ por Ilya Repin. (1876) Óleo sobre lienzo. Fuente: Wikiart

Un autor realista

Pese al tinte fantasioso y de otro mundo (que naturalmente debía aportar cuando trataba temas como los que he mencionado arriba), de su obra lo que más podemos resaltar es esa tendencia constante y ascendente al realismo, que perfeccionó hasta grados increíbles. Sus numerosos retratos y sus escenas históricas y religiosas contribuyeron a mejorar progresivamente su tratamiento del estilo, y a día de hoy todavía nos asombra una suavidad y fluidez tan evidentes en un cuadro al óleo.

Como he dicho, a Repin le gustaba la fantasía, pero también se interesaba por temas más mundanos y además sabía lo que le convenía. A lo largo de su carrera retrató a gentes llanas y a grandes eminencias, como a artistas de la talla de León Tolstói, Tarás Shevchenko y Modest Músorgski, e incluso a personalidades como el mismísimo zar Nicolás II (su retrato es el primero que has encontrado, arriba). Además se convirtió en uno de los artistas preferidos del régimen socialista, reflejando con sus pinceles los rostros de gran cantidad de políticos en boga de la época.

La religiosidad era otra de sus caras más conocidas, y le aportaba gran cantidad de seguidores su aparente facilidad para transmitir la esencia de los momentos descritos en las Sagradas Escrituras y demás textos de culto:

'San Nicolás salva a tres inocentes de la muerte', por Ilya Repin. (1888). Óleo sobre lienzo. Fuente: Wikiart. Ilya Repin, y el mapa plástico de la psicología humana
‘San Nicolás salva a tres inocentes de la muerte’, por Ilya Repin. (1888). Óleo sobre lienzo. Fuente: Wikiart

La mirada del horror

Pero la pintura de Ilya Repin de la que más se ha hablado hasta la fecha, y que por más ojos y mentes ha pasado, es la conocidísima “Iván el Terrible y su hijo”. Ese óleo pintado entre 1883 y 1885 recrea absolutamente las perfecciones artísticas y analíticas de su autor, su oscura travesía hasta el abismo de la psicología humana y ese escalofrío que recorre al espectador al contemplar la desgarradora escena: el zar Iván IV de Rusia acaba de asesinar a su propio hijo, el zárevich Iván, golpeándole la cabeza con su bastón tras uno de sus característicos arranques de ira. Conociendo los antecedentes de tan horrible gobernante, que cometió las peores atrocidades a lo largo de sus años en el trono (como empalar a diestro y siniestro, quemar a gente viva, decapitar y torturar a todo aquel que se oponía a sus ideales), resulta estremecedora la expresión que vemos en el zar en el preciso momento en el que toma a su hijo mayor, ya moribundo, entre sus brazos, y se da cuenta de lo que le ha hecho. Esa figura implacable y agresiva se convierte, de pronto, en la de un anciano encorvado que observa a la nada, con ojos nublados y sinceramente paralizado, posiblemente por primera vez en toda su vida:

'Iván el Terrible y su hijo', por Ilya Repin. (1883-1885). Óleo sobre lienzo. Fuente: Twitter. Ilya Repin, y el mapa plástico de la psicología humana
‘Iván el Terrible y su hijo’, por Ilya Repin. (1883-1885). Óleo sobre lienzo. Fuente: Twitter

Pues este que acabo de presentarte es el máximo exponente de su talento, posiblemente alcanzado por otras de sus obras pero más reconocido que ninguna otra. Repin hizo lo mismo muchas más veces, saturando al espectador con emociones que estiraban sus garras a través de los colores, los dramáticos claroscuros (que eran una de sus más bonitas perdiciones) y, sobre todo, sus incomparables expresiones faciales. La naturaleza humana en todo su esplendor, con todo lo feo y lo hermoso, mostrándolo sin vergüenzas ni tabúes. Quizá esa franqueza fue una de las claves de su singularidad y de su éxito.

Ahora cuéntame, ¿qué opinas de Ilya Repin? Quizá este último cuadro te haya refrescado la memoria, o quizá no conocías ni al artista ni a la obra y te has parado a analizarla con detalle. No solo ese, sino todos sus óleos cuentan con un tinte especial que los hace suyos, reconocibles, y que vuelve algo triste el hecho de que no sean tan célebres como debieran.

Así que, ¿por qué no das a conocer aún más a Ilya Repin compartiendo, dando “like” y/o comentando a este post en tus redes sociales?

¡Nos leemos en el siguiente artículo! 🙂

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