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Eva Gonzalès. Un suspiro impresionista

14 febrero, 2019

El paraíso terrenal impresionista de Eva Gonzalès

Hacía mucho que no presentábamos a algún artista de raíces ibéricas en la página, así que hoy le toca el turno a una muy especial: Eva Gonzalès, de nacionalidad francesa y origen español, una de las representantes femeninas olvidades de la rama del impresionismo.

Quizá no conocías a esta pintora intimista y dedicada… sigue leyendo si te apetece internarte en su acogedor (aunque efímero) arte.

'El despertar en la mañana', óleo sobre lienzo. (1876). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons. Eva Gonzalès. Un suspiro impresionista
‘El despertar en la mañana’, óleo sobre lienzo. (1876). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons

Identidad artística

Como suele suceder con los artistas, la obra de Eva Gonzalès duró casi tanto como su vida, pero en este caso no hablamos de mucho tiempo. Nacida en el seno de una familia burguesa parisina en 1849, comenzó a estudiar pintura junto a Charles Joshua Chaplin a los 16 años, y cuatro años después, a los 20, Édouard Manet y ella fueron formalmente presentados. Gonzalès trabajó como modelo para el pintor, al tiempo que aprendía de él. Su amistad se solidificó rápidamente y el artista terminó por ser una de las mayores influencias profesionales para la joven Eva, quien adoptó un estilo muy similar al suyo hasta que el paso de los años la hizo evolucionar hasta una técnica más conectada consigo misma.

Este cambio se produjo aproximadamente cinco años después de su presentación con el maestro, y pese a encaminarse de forma más personal, el arte de Gonzalès aún despedía trazas de su admiración por otros autores impresionistas, entre ellos Degas.

Zapatos blancos', óleo sobre lienzo. (1879-1880). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons. Eva Gonzalès. Un suspiro impresionista
Zapatos blancos’, óleo sobre lienzo. (1879-1880). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons

Noble cuna, noble pintura

Su obra estaba centrada casi por completo en las escenas de género, como la de muchos otros impresionistas (y en especial las mujeres, como Mary Cassatt, de quien hablamos en este artículo). Pero también tocaba las naturalezas muertas tal y como vemos en el óleo sobre este párrafo, Zapatos blancos, y en Rosas en una jarra (1880-1882); y los paisajes, como en Granja en Rebais (1871-1872) o en Vista de la playa de Dieppe desde el acantilado oeste (1871).

Sus tonalidades predilectas, las más suaves, notando de nuevo la influencia degasiana, y sus técnicas por excelencia los óleos y el pastel. Al centrarse en su propia sensibilidad, ganó una popularidad decente, que como suele suceder podría haber sido mayor. El reconocimiento que se le ofreció nunca fue equiparable al que se le habría prestado de haber sido hombre, y sus raíces burguesas tampoco ayudaban: que una dama de alta cuna se ganase la vida por su cuenta no era apreciado, por mucho que su oficio fuese uno tan honorable como el de la pintura.

'La nana y la niña', óleo sobre lienzo. (1877-1878). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons. Eva Gonzalès. Un suspiro impresionista
‘La nana y la niña’, óleo sobre lienzo. (1877-1878). Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons

Tras el maestro, la alumna

En 1879, con 30 años, contrajo matrimonio con un hermano del grabador Henri Guérard, y su tarea como mujer de la época parecía comenzar a encarrilarse. En ese entonces la artista todavía pintaba con asiduidad, y algunos de sus cuadros lograron ser expuestos en galerías, pese a que a la crítica le costó bastante apreciar su tarea. Óleos como El paseo en burro o Leyendo en el bosque, ambos de 1880, pasaron a formar parte de sus trabajos icónicos por sus maravillosos contrastes y fuerte carga impresionista en el trazo y los colores.

Pero en 1883, cuando parecía que su valor como artista empezaba a asentarse, Eva Gonzalès se quedó embarazada de su primera y única hija, Julie. La pequeña vivió, pero Gonzalès murió durante el parto a causa de una embolia. Cinco días antes, el 30 de abril de ese mismo año, el que había sido su maestro, Édouard Manet, fallecía de gangrena tras una amputación fallida.

Debido en parte a la brevedad de su carrera, existe alguna que otra obra atribuida a la artista, pero cuya autoría todavía no ha sido confirmada. Como ejemplo la siguiente pintura, La Toilette, una preciosa escena de dos jóvenes preparándose mutuamente frente al espejo:

'La Toilette' , óleo sobre lienzo. (1879). Pintura atribuida a Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons. Eva Gonzalès. Un suspiro impresionista
‘La Toilette’ , óleo sobre lienzo. (1879). Pintura atribuida a Eva Gonzalès. Fuente: Wikimedia Commons

Algunos expertos han dicho de Eva Gonzalès que, al igual que otras artistas de la época como Berthe Morisot (también discípula de Manet) o Mary Cassatt, la excelencia de su obra no se correspondió nunca con la atención que los medios le ofrecieron. Afortunadamente el trabajo de todas estas grandes mujeres está saliendo a la luz con rapidez, permitiéndonos conocer un abanico completamente nuevo de pasiones, estilos y visiones del mundo.

Para expandir un poco más la obra de esta maravillosa artista francesa, ¿qué te parece si compartes, regalas tu “me gusta” y/o comentas este artículo en tus RRSS? Como siempre, estoy esperando leerte 🙂

¡Nos vemos en el siguiente post!

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