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Berthe Morisot, la vanguardia femenina del impresionismo

17 agosto, 2018

La pintora impresionista Berthe Morisot y su forma revolucionaria de expresarse

Como ha sucedido (y sigue sucediendo) desde épocas ya muy pasadas, en ocasiones existen mujeres brillantes que, bien por haber aprendido o bien por ser hijas, esposas, nietas, sobrinas o socias de algún hombre destacable, han sido relegadas a un segundo plano y eclipsadas de forma totalmente injusta e injustificable. Como Camille Claudel, por ejemplo, quien apenas encontró un hueco donde ser reconocida bajo la sombra de Rodin. Y asimismo se las encontró la artista que te presento hoy: Berthe Marie Pauline Morisot, o Berthe Morisot como se la conoce más; una pintora dotada de un inmenso talento y espíritu innovador que tuvo que abrirse paso por encima de su maestro y amigo, el gran pintor impresionista Édouard Manet.

Sigue leyendo si te interesa la vida y obra de esta artista que tan pocos recuerdan.

'Woman and Child in the garden', de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1883-1884). Fuente: Pinterest. Berthe Morisot, la vanguardia femenina del impresionismo
‘Woman and Child in the garden’, de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1883-1884). Fuente: Pinterest

Dama del Impresionismo

Berthe Morisot nació en París en 1841 y, siendo hija de una familia burguesa, desde niña le fue inculcado el amor por las artes. Pero no solo lo desarrolló en su faceta contemplativa, sino que no tardó en iniciarse personalmente en la pintura y el dibujo. Desde bien joven modeló para Manet, y ambos terminaron forjando una buena amistad que perduraría con los años. Hasta tal punto estaban unidos, que Berthe terminó contrayendo matrimonio con Eugène, el hermano menor del pintor.

Es considerada la primera mujer que se unió y participó activamente en el movimiento impresionista, y se volvió colega y compañera de exposición de artistas de la talla de Renoir o Degas. De ellos recordamos el nombre, ¿y cómo no, verdad? Pero de Morisot apenas nadie ha oído hablar. Como una figura que pasa desapercibida para la historia pero que estuvo ahí, estuvo ahí porque se sabe, y porque su estilo y sensibilidad dejaron huella en el panorama artístico y aún lo siguen haciendo.

'Calvary (After Veronese)', de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1858). Fuente: Wikimedia Commons. Berthe Morisot, la vanguardia femenina del impresionismo
‘Calvary (After Veronese)’, de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1858). Fuente: Wikimedia Commons

La maestra de los blancos

Como vemos, las influencias artísticas de Morisot eran escenas diarias, de índole cotidiana, retratos, paisajes y escenarios bíblicos. Su estilo de pintura se hizo notar con mucha facilidad, ya que implementaba las reglas del impresionismo y las llevaba a su propio terreno de un modo magistral. Y es que a verdadera magia de aquellos artistas que logran emocionar, reside en el momento en el que el espectador se da cuenta de que hay una gran parte del alma del autor en cada pincelada.

Los trazos quebrados, superpuestos y visibles son el símbolo clave del impresionismo, casi grupos de manchas que parecen haberse unido de forma poco clara hasta formar figuras reconocibles. Pero entre las características más asombrosas de la pintura de Morisot se encuentra su habilidad para utilizar toda una paleta de blancos: blanco roto, blanco hueso, blanco hielo, blanco perla… los contrasta unos junto a los otros sin ningún pudor, como queriendo demostrar que un blanco puede estar junto a otro blanco y que ambas figuras sean perfectamente distinguibles. No hay confusión, no hay fusión de las siluetas; los crema, los marfil, los beige y los champán conviven en armonía sobre el lienzo y no nos provocan ningún empacho.

'Old Path to Auvers', de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1863). Fuente: Pinterest. Berthe Morisot, la vanguardia femenina del impresionismo
‘Old Path to Auvers’, de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1863). Fuente: Pinterest

La pasión que impulsa la técnica

Berthe Morisot llevó un poco más allá la brusquedad y rapidez de los trazos impresionistas, y los convirtió en rayas que fluctuaban y convergían unas contra las otras, deteniéndose únicamente cuando encontraban otra que les cortara el paso. Pinceladas gruesas y en apariencia descuidadas, pero en el fondo perfectamente analizadas y talladas a medida para cada escena. Sus estudios de figura o de color son una verdadera delicia, y sus retratos una de las habilidades que adquirió de Manet y que masterizó por su cuenta, hasta ser reconocida por la expresividad de los rostros y el nivel de detalle que lograba valiéndose únicamente de sombras y de manchas.

En sus óleos podemos distinguir, a veces, transparencias de tonos muy ligeros, como si la pintura hubiese sido diluida o el pincel no se hubiese cargado en un buen rato. La introspección pictórica de Morisot la hacía utilizar paletas pastel, tonos grisáceos, y resaltar las figuras principales de forma muy clara en relación al espacio o al fondo. Pasó la mayor parte de su vida pintando paisajes y escenas de la vida cotidiana femenina, hasta el punto de que hubo épocas en las que solo se centraba en los retratos de damas. Pero su trabajo jamás acabó en la superficialidad de representar a una joven hermosamente vestida o en actitud ociosa, sino que siempre se encargó de conocer a sus modelos y poder transmitir parte de su psicología en las obras, para que fueran alcanzables por el público pese a que este no supiera nada de la historia previa de cada trabajo.

'Young lady seated on a bench', de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1864). Fuente: ArtStack. Berthe Morisot, la vanguardia femenina del impresionismo
‘Young lady seated on a bench’, de Berthe Morisot. Óleo sobre lienzo. (1864). Fuente: ArtStack

Los inusuales logros de “lady Manet”

Antes de unirse al impresionismo, Morisot expuso varias veces en el Salón de París junto a su hermana Edma, quien también se dedicó en parte a la pintura hasta su casamiento, y gracias a su amistad con Manet entabló relación con personalidades de la pintura de la época, así como artistas de otros campos, críticos y demás intelectuales.

Además fue una de las organizadoras, junto a Émile Zola y Monet, de la exposición en honor de su cuñado Édouard Manet, una vez que este falleciera en 1883. Años más tarde, en 1892, falleció su esposo, y un año después su hermana mayor Yves.

Tres años más tarde, en 1895, la carrera de Berthe Morisot se vio interrumpida por la única cosa en el mundo que podría haberle impedido pintar: la muerte. Falleció a los 55 debido a una infección pulmonar grave, y ahora comparte sepultura junto a su esposo y su íntimo amigo y cuñado.

Pese a haber tenido que luchar durante toda su carrera contra los estereotipos y la mente cuadriculada y machista de la época, Berthe se labró un nombre propio, una reputación bien sólida y un destino que manejó a su antojo en todo momento. Lamentablemente, los años dejaron su legado atrás y el mundo del arte la fue olvidando, pasando a centrarse en aquellos autores que siempre la rodearon y de cuyo grupo, más que formar parte, pareció ser acompañante. Pero ahora, lentamente y con paso firme, la historia de Berthe Morisot vuelve a las galerías internacionales, a las mentes de los espectadores y a la primera de las líneas, para deslumbrarnos a todos y detenerse, orgullosa, junto al resto de sus contemporáneos.

¿Por qué no compartes ahora la obra de Berthe Morisot, le regalas tu “like” y/o comentas qué te ha parecido en las redes sociales? ¡No te cortes y cuéntame qué opinas! 🙂

¡Nos leemos en el siguiente artículo!

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