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Tomates verdes fritos. El secreto de la vida está en la salsa que le pongas

25 noviembre, 2018

Lecciones de vida, feminismo y valentía en Tomates verdes fritos

Parece que estamos en la época de Kathy Bates aquí en el blog. Prometo que no es intencional, pero parece que, últimamente, las películas en las que aparece esta actriz camaleónica y de sonrisa fácil me persiguen. Así que no me voy a andar por las ramas y te voy a preguntar: ¿has visto Tomates verdes fritos? Si estás aquí posiblemente no, o quizá me estás leyendo para saber qué opino… bien pues, sea una u otra quédate, porque voy a repasar rápidamente la historia del feminismo peleón, la amistad, las relaciones de pareja y las miserias humanas. Si te interesa, ¡sigue leyendo!

Aclaración: como siempre, esta review no cuenta con ningún spoiler. Daré mi punto de vista sin entrar en destripamientos, porque es más que posible que vayas a querer echarle un vistazo a esta obra tan inusualmente cotidiana.

¡Empezamos!

Carátula frontal de 'Tomates verdes fritos' (1991). Fuente: PicClick. Tomates verdes fritos. El secreto de la vida está en la salsa que le pongas
Carátula frontal de ‘Tomates verdes fritos’ (1991). Fuente: PicClick

Sopor y delantales

Tomates verdes fritos (originalmente “Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Cafe”) ha sido nominada a diversos galardones, entre ellos los Óscar y los Globos de Oro, y recibió dos BAFTA a Mejor Acriz y Mejor Actriz de Reparto. Si puedo darte mi opinión (y para eso estoy aquí), cada premio y nombramiento fue merecidísimo. El director Jon Avnet y la guionista Carol Sobieski realizaron una labor maravillosa adaptando la novela de 1987 escrita por Fannie Flagg, e imagino que la fidelidad se debió, sin quitarles mérito, a que la propia autora les asesoró durante la producción.

Dejándonos de tecnicismos empezaré diciendo que, si tuviera que ponerle un título a la vida de la protagonista principal del film, sería ese que ves más arriba. Y es que el sopor y los deberes de ama de casa son lo único que queda en la vida de Evelyn Couch (Kathy Bates), una mujer amable pero tímida y reservada, y sobre todo completamente hastiada de vivir. Su esposo no le presta atención, la anciana tía de este no la traga y los cursos sobre feminidad y matrimonio a los que asiste por las tardes (con la esperanza de salvar su matrimonio) no le sirven para nada. Su propio sentimiento de inutilidad y bajísima autoestima le hacen imposible seguir los ejercicios propuestos en el taller, y eso no hace más que aumentar su ansiedad y su tendencia a hartarse de dulces en cualquier momento del día, esté dentro o fuera de casa, de día o de noche.

Pero parece que algo en su vida cambia cuando, durante una de las visitas al geriátrico donde se aloja la tía de su esposo, conoce a una anciana llamada Ninny (Jessica Tandy). Sentada en la salita de espera, la pequeña y sonriente mujer se le acerca ávidamente, como si llevara toda una vida esperándola, presentándose con las siguientes palabras: “¿Sabe usted que me quitaron la vesícula?”. Quizá una charla sobre cirugía interna no es lo que la deprimida Evelyn necesita, pero poco a poco la cosa va mutando a algo mucho más interesante: Ninny termina recordando su juventud en el pueblo de Whistle Stop, y comienza a contarle a Evelyn todo lo que puede evocar sobre su vida allí y lo que ocurría en el día a día de sus habitantes.

Los Threadgood, de Whistle Stop

Volviendo atrás en el tiempo hasta 1920, le presenta a Idgie (Mary Stuart Masterson), la hija menor de los Threadgood, una pequeña marimacho aficionada a vestir con ropa de niño y saltar de acá para allá temerariamente. Tiene la mecha muy corta y no soporta las bromas de sus hermanos, por lo que solo uno de ellos, Buddy (Chris O’Donnell), puede acercarse a ella. Es el mayor de todos, un muchacho alto y muy bien parecido, simpático, ingenioso y dulce, y la única persona con la que Idgie se lleva realmente bien. Buddy está enamorado de Ruth Jamison (Mary-Louise Parker), una preciosa muchacha que corresponde sus sentimientos y que parece más que dispuesta a recibirlos, pero es obvio que Idgie no es tan propensa a aceptarlo.

Fotograma de 'Tomates verdes fritos'. De izquierda a derecha: la señora Threadgood, la pequeña Idgie y su hermano, Buddy Threadgood. Fuente: La Sororiteca. Tomates verdes fritos. El secreto de la vida está en la salsa que le pongas
Fotograma de ‘Tomates verdes fritos’. De izquierda a derecha: la señora Threadgood, la pequeña Idgie y su hermano, Buddy Threadgood. Fuente: La Sororiteca

Un sombrero que sale volando y unos pies que le van detrás, desatando la primera de las tragedias, nos devolverán a los 80, donde Evelyn escucha medio ahogada por las lágrimas el relato de Ninny. Cuando su marido sale de la habitación y tienen que irse, el ama de casa promete volver a visitar a la anciana. Mientras tanto sus sesiones de terapia siguen cuesta abajo y su peso cuesta arriba, por lo que acelera la vuelta al geriátrico sellando las visitas como algo habitual.

Cada vez que Evelyn se sienta a escuchar a Ninny, esta la deleita con cuentos y experiencias de su vida en Whistle Stop, donde, según ella, había sido adoptada por los Threadgood tras quedarse huérfana. A lo largo de la película nos damos cuenta de que Ninny parece saberlo todo de todos, conociendo cada pequeño acontecimiento y situación que se da en las vidas de los habitantes del pueblo, y eso es lo que le permite explicarlo todo con pelos y señales. Evelyn la escucha maravillada, visitando a la anciana con frecuencia y llevándole dulces. Por su lado la historia va avanzando hasta convertirse en un entramado de desafíos, obstáculos y aventuras, siempre protagonizadas por Idgie y Ruth, a las que vemos crecer a lo largo de la película.

Yendo y viniendo entre 1930 y 1980, en este punto todavía queda mucho trecho por recorrer, pero poco más puedo decir sin caer en el spoiler. Tratándose de esta película es increíblemente fácil contar lo que no se debe, así que me voy a limitar (ahora que te he dado un esbozo general del argumento) a decir que, para mí, Tomates verdes fritos es una de las mejores películas de finales de siglo. No es que las haya visto todas, ¿quién lo ha hecho? Pero a veces nos encontramos con cosas en las que reconocemos una calidad irrepetible aún sin compararlas con algo más.

Imagen promocional de 'Tomates verdes fritos'. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Mary Stuart Masterson, Mary-Louise Parker, Jessica Tandy y Kathy Bates. Fuente: Pinterest. Tomates verdes fritos. El secreto de la vida está en la salsa que le pongas
Imagen promocional de ‘Tomates verdes fritos’. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Mary Stuart Masterson, Mary-Louise Parker, Jessica Tandy y Kathy Bates. Fuente: Pinterest

Lobo en piel de cordero

Esta película siempre pareció el típico film para mujeres, preñado de un feminismo blando escondido entre romances y tragedias más previsibles que otra cosa, pero eso es cuando no la has visto. Sí que es una película con una gran carga feminista, pero además toca otros temas como el lesbianismo, el racismo extremo (el KKKlan, que se dice pronto), la violencia de género y las desgracias inesperadas como la muerte prematura. Esto hablando de la parte de la película centrada en la vida de Idgie y Ruth.

Si nos vamos al punto de vista de Evelyn, encontramos otro montón de pequeños diamantes de categorías similares, pero iluminados bajo un foco distinto: el empoderamiento de la mujer moderna, el romper con la sumisión, la capacidad de mostrar enfado sin sentirse arrepentido, la menopausia y sus efectos, la sexualidad y, sobre todo, el amor propio, que sería el término paraguas para todo lo que he dicho antes.

Como nota, puedo añadir que también se tocan temas más inesperados, como los asesinatos y hasta el canibalismo (¿qué, te apetece verla ya?), pero desde una perspectiva especial y no demasiado truculenta. Aunque incómoda y dolorosa, está regada como el resto de la película por una buena dosis de humor, que suaviza la montaña rusa emocional y nos da un respiro a nosotros, oh, los pobres espectadores.

En el cine o en la literatura puedes hablar de lo que quieras, puedes ser todo lo revolucionario que se espera de ti y mil veces más, puedes darle una vuelta de tuerca a cada pequeña cosa, pero si no lo planteas de la manera correcta la atención del público desaparecerá. Por muchos temas polémicos que toques, si no los abordas bien el esfuerzo no sirve para nada. Pero puedo decir desde mi humilde opinión que Tomates verdes fritos no peca de esto para nada, nos mantuvo a mí y a mi compañía pegadas a la pantalla y mordiéndonos las uñas, muriendo por saber qué iba a suceder a continuación. Situaciones inesperadas, muy buenas interpretaciones y un argumento común, pero con rizos y golpes de efecto que lo hacen único.

Fotograma de 'Tomates verdes fritos'. Fuente: Pinterest. Tomates verdes fritos. El secreto de la vida está en la salsa que le pongas
Fotograma de ‘Tomates verdes fritos’. Fuente: Pinterest

Aquí termina todo por hoy. ¿Te ha llamado la atención Tomates verdes fritos? ¿La habías visto antes, o habías leído la novela? Yo debo decir que, como me sucedió con Misery, aún no me he leído el libro, pero ver antes la película me ha servido de entrante para abrirme el apetito. Va directo a mi lista. Fried green tomatoes at the Whistle Stop Cafe es una de esas producciones icónicas que casi todos conocemos pero que no todos hemos visto… y desde aquí te digo una vez más que eso tiene que cambiar.

¡Habla de esta película al mundo compartiendo, dando “like” y/o comentando al artículo en tus RRSS! Y recuerda… el secreto siempre está en la salsa.

¡Nos leemos en el siguiente post!