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Rapunzel, y la verdad tras la cabellera omnipotente

25 julio, 2019

La macabra historia tras el relato de Rapunzel. El enemigo está en casa

Las imágenes que verás en el artículo de hoy quizá despierten la ternura de tu infancia, pero la historia que las acompaña puede que evoque otras sensaciones. Rapunzel ha sido para muchos de nosotros uno de los cuentos de nuestra infancia, pero como ya hemos hecho un par de veces antes en Arte en Todo, te desvelaremos qué es lo que hay al otro lado de la idílica fachada tras la que los hermanos Grimm emparedaron los antiguos relatos populares.

El príncipe trepando por la cabellera de Rapunzel, por Tasha Tudor. Fuente: Pinterest. Rapunzel, y la verdad tras la cabellera omnipotente
El príncipe trepando por la cabellera de Rapunzel, por Tasha Tudor. Fuente: Pinterest

Suave base de bizcocho

Según nos han contado, Rapunzel narra la historia de una jovencita a la que su malvada madrastra (o una bruja o ambas cosas a la vez, depende de la versión) encierra en la torre más alta de un castillo en medio del campo para evitar que tenga contacto con el mundo exterior.

Pero la muchacha cuenta con una larguísima trenza por la que al parecer permite subir en secreto a cualquiera que le alegre la vista ya que, oficialmente, la única persona que la usa para acceder al torreón suele ser su horrible madrastra y claro, las comparaciones son odiosas.

En una de esas conoce a un príncipe guapísimo con el que tiene un idilio encubierto, dejándole subir numerosas veces a la torre y contándole de su desdichada vida. Gracias a eso el príncipe decide salvarla, como es lógico lo logra y colorín colorado… en fin, lo de siempre.

Pero, si indagamos un poco en el pasado del relato de Rapunzel, nos encontramos con una realidad un poco (no, la verdad es que mucho) más macabra.

Rapunzel, ilustración de Emma Florence Harrison (1914). Fuente: Pinterest. Rapunzel, y la verdad tras la cabellera omnipotente
Rapunzel, ilustración de Emma Florence Harrison (1914). Fuente: Pinterest

Empieza a verse el plumero

Rapunzel ha sido, al igual que otras historias como Caperucita Roja o Cenicienta, algo que se ha transmitido originalmente de forma oral. Los abuelos se lo contaban a los padres y los padres a los hijos… y como en el juego del teléfono, parece que antes de ser remasterizada por los hermanos Grimm, la historia ganaba truculencia de forma exponencial.

Lo que nos dice (y, si debemos ser sinceros, la cruda realidad) es que Rapunzel era una de las incontables víctimas de su propia madre, una adoradora de Satán. La mujer había hecho tiempo atrás un pacto con El Maligno, por el que debía sacrificar a una doncella virgen cada año para mantener sus poderes. Pero no era suficiente el sacrificio, sino que el dolor de la condenada también era imperativo. Debido a eso Rapunzel no solo era privada de su libertad, sino que vivía rodeada de cuervos hambrientos que anidaban en su propia habitación, acechándola noche y día; y además en la más absoluta pobreza: nada de ropa ni en verano ni en invierno, nada de comida (solo la suficiente para mantenerla con vida y alargar así su agonía) y nada de contacto humano… solo el de la bruja y sus hermanos, que la torturaban física y psicológicamente.

La bruja trepando por la cabellera de Rapunzel, ilustración de Arthur Rackham. Fuente: Wikiart. Rapunzel, y la verdad tras la cabellera omnipotente
La bruja trepando por la cabellera de Rapunzel, ilustración de Arthur Rackham. Fuente: Wikiart

Con familia como esta, ¿quién necesita un marido?

¿Sigues leyendo? Bien, pues, prepárate porque ahora viene lo “mejor”:

Como en la versión edulcorada, la larga trenza de la joven servía de cuerda para que subiera la bruja, y asimismo el príncipe. De él se enamoró tras unos pocos encuentros (en los que sí, se insinúa el sexo, con lo que la utilidad de Rapunzel como “doncella virgen” se va automáticamente al traste), y no le costó mucho convencerle de que intentara salvarla. Pero en el relato real, el final no es tan idílico.

Algunos dicen que la bruja se da cuenta de sus encuentros tórridos y le corta la melena a la joven para así evitar que continúen viéndose, y otros se saltan esta parte. Pero en lo que todos coinciden es en que, cuando el príncipe sube por última vez a la torre con la intención de sacar a su amada de allí (discusiones sobre cómo lo hizo aparte), intenta cortar las cadenas que la apresan pero se encuentra con una trampa, y/o emboscada, preparada por la familia de Rapunzel. Qué maravilla el término “familia”.

Y aquí es donde empieza la fiesta de verdad, la culminación de todo, la cúspide de la depravación más absoluta: mientras los hermanos violan a Rapunzel, la bruja tortura al príncipe mientras le obliga a mirar. Después, una vez los muchachos han terminado con la joven, le sacan los ojos al príncipe, le arrancan la lengua y regalan su cuerpo moribundo a los cuervos que anidan en la torre para que se lo coman vivo.

La traca final

¿Te preguntas qué pasó al final con la protagonista? Pues nada bueno. Una vez sus secuestradores se han sacado al héroe de encima ya tienen vía libre para hacer lo que les plazca. Así que la bruja cumple su promesa al Señor Maligno y sacrifica a la muchacha (que aunque ya no sea virgen ha sufrido lo indecible y parece que sigue valiendo) en su honor, cerrando así la historia de una manera, todo sea dicho, mucho más coherente que el típico “y fueron felices y comieron perdices”.

Rapunzel. ©Toshiaki Kato. Fuente: Pinterest. Rapunzel, y la verdad tras la cabellera omnipotente
Rapunzel. ©Toshiaki Kato. Fuente: Pinterest

Bueno, pues hasta aquí este rápido repaso de la historia de Rapunzel. En serio, podría haberme explayado mucho más.

Si sabes de alguien con tu mismo estómago a quien le pueda hacer ilusión destripar una parte de su infancia, no lo dudes y compártele este artículo. Y ya que estás, si te apetece puedes regalarle un “like” y/o comentar este post en tus RRSS. ¿Conocías ya la versión original del relato, antes de ser moldeada por las manos mágicas de los Grimm? Si es que no, ¿esperabas algo así? Cuéntanos qué pasa por tu cabeza después de esto, sabes que nos encantará leerte.

¡Nos vemos pronto! 😉

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