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La decoración de uñas, del origen a nuestros días

16 octubre, 2017

Las uñas son una parte de nuestro cuerpo con una especial simbología. Algunos las llevan cortas, otros largas, otros se las muerden y para otros son una verdadera pasión. Hoy en día, tanto hombres como mujeres se decoran las uñas a su antojo, añadiendo colores y diseños nuevos, y se hacen verdaderas virguerías para lograr la manicura más espectacular.

La decoración de uñas. Uñas esculpidas, exhibidas en la exposición del Museum of Modern Art de NYC. Obra de Sarah Nguyen, manicurista.
Uñas esculpidas, exhibidas en la exposición del Museum of Modern Art de NYC. Obra de Sarah Nguyen, manicurista.

Seas del grupo que seas, quizá te interese curiosear un poco en lo que te voy a contar… un breve viaje por la historia del cuidado de las uñas, desde su inicio hasta hoy. ¿Te apetece? Creo que te sorprenderás…

Repaso rápido de la manicura a lo largo de las épocas

Antiguo Egipto, el origen

En 1964 se encontró en Egipto la tumba de Janymjotep y Niankjanun, dos integrantes del séquito del faraón Nauser. ¿Su puesto? “Guardauñas”. Así es, eran sus manicuristas personales. Se encargaban de que las uñas del faraón estuviesen en perfecto estado de revista, cuidadas e impecables.

Cleopatra, por su parte, se pintaba a sí misma las uñas ayudándose de la henna, la forma más usual de decorarlas y nutrirlas en aquella época.

Otro dato curioso era que no todos podían lucir el mismo color de uñas. Tanto hombres como mujeres de todas las clases sociales tenían unos límites marcados: la clase baja o más modesta solo podía pintarse las uñas en colores suaves y discretos, mientras que los tonos como el terracota, el negro o el dorado eran reservados para los estamentos de mayor rango.

China: dinastía Ming y dinasía Quing (1368-1644 / 1644-1912)

Decoración de uñas. Protectores de uñas usados en la dinastía Quing (1644-1912). Hoja de latón martillado con incrustaciones de piedras semipreciosas.
Protectores de uñas usados en la dinastía Quing (1644-1912). Hoja de latón martillado con incrustaciones de piedras semipreciosas.

Sobre todo en el Lejano Oriente, los mandarines y los emperadores chinos fueron los primeros que lucieron uñas postizas. Las creaban mediante arcilla, y las pegaban con una mezcla de clara de huevo y goma arábiga).

En aquella época cuanto más largas llevaras las uñas postizas, mayor era tu rango. Era un símbolo de poder, ya que, claro, ¿cómo hacer absolutamente nada con unas uñas de entre diez y catorce centímetros de largo? Por lo tanto, llevarlas significaba que disponías de sirvientes que atendían todas tus necesidades (eso ocurre un poco ahora, también, aunque no al mismo grado).

En ese entonces también adornaban las uñas con conos de diferentes metales, como el oro, para estilizar y afilar notablemente las manos de quien los llevara. Dichos conos se usaban también con el objetivo de proteger las uñas de los más acaudalados. (Pero vamos a hablar en plata: más que uñas, eran garras. Con eso en las manos no necesitarían guardias de ningún tipo…)

Siglo XIX y el padrastro que lo cambió todo

En el siglo XIX las mujeres cuidaban mucho de sus uñas. Se llevaban en óvalo, finas y naturales, las perfumaban con aceites y las esmaltaban con cuidado en tonos suaves.

Pero alrededor de 1830, el rey Luis Felipe de Francia tenía un problema, o mejor dicho, un padrastro. Su doctor de la corte, un visionario el hombre, se emocionó y no solo le extirpó el padrastro, sino que creó lo que hoy en día consideramos el primer kit de manicura de la historia. Tan popular resultó, que la sobrina del monarca no soltaba el juego, y terminó extendiendo su fama más allá incluso de la realeza, y más allá de Francia.

Empezaron a utilizarse instrumentos metálicos entre el colectivo femenino de Norteamérica, y aunque de antes ya se aplicaban polvos y cremas varias para preservar la salud de las uñas, durante esa época se asistió al nacimiento del primer esmalte. Solo duraba un día, pero llamó mucho la atención…

Siglo XX, del rojo pasión al neón chaleco reflectante

Decoración de uñas. Anuncio de Cutex (1958). Esmalte de uñas y pintalabios a juego 'Hot Strawberry'.
Anuncio de Cutex (1958). Esmalte de uñas y pintalabios a juego ‘Hot Strawberry’.

Durante los primeros años del siglo pasado, alrededor de los 20, los esmaltes ya habían mejorado bastante. El color más tradicional era el rojo, aunque se usaban toda clase de tonos vivos en las clases sociales medias. Las clases altas solían decantarse más por los colores delicados, relucientes y/o metálicos, algo más elegantes. A partir de ahí, todo fue a una velocidad de vértigo: en los años 30 cualquier tono rojizo era chic, y la forma preferida era redondeada y no demasiado larga. En el 32 se creó el primer conjunto esmalte de uñas + pintalabios, a finales de los 30 salieron productos para fortalecer la uña y, cómo no, el primer esmalte base. Casi entrando en los 50 surgió para asombro de todos el primer seca-esmalte de vaporizador.

Se creó una verdadera fiebre alrededor de las uñas, casi un culto, y pocas o ninguna eran las mujeres que no se habían, por lo menos, pintado las uñas alguna vez.

Ya dentro de los 50 las uñas largas eran la moda. ¿Y para aquellas personas que no lograban dejarlas crecer? Las manicuristas pegaban uñas naturales cortadas en la punta de la uña de la clienta.

En los años 60 se implementan nuevos métodos como la porcelana, también llamada acrílico, que por cierto, se descubrió por casualidad cuando un dentista se rompió la uña y decidió arreglarla temporalmente con fotopolímero dental. Ese es otro nombre para la porcelana.

Los dentistas comenzaron a vender el fotopolímero a la industria de la manicura, y así nació de alguna forma el comercio de las uñas que conocemos hoy en día.

Lo que sucedía en ese entonces (y sigue sucediendo) es que el fotopolímero contiene metil metacrilato, una estructura en su compuesto que perjudicaba tanto la uña como los dientes (recordemos que era usado por dentistas). Aunque aún hoy se sigue usando, tras un tiempo fue sustituido en muchos lugares por el etil metacrilato, un material mucho más benévolo con la uña y específico para manicuras acrílicas.

Los colores de moda en ese entonces (años 60 y 70) eran los azules y verdosos, que caracterizaban al movimiento hippie, eran bonitos y muy llamativos.

Decoración de uñas. Anuncio de esmalte de uñas opalino, Cutex (1969). La cara del anuncio es Veruschka, una reconocida modelo y actriz de la época.
Anuncio de esmalte de uñas opalino, Cutex (1969). La cara del anuncio es Veruschka, una reconocida modelo y actriz de la época.

 

Pero muchas mujeres optaban también por la manicura francesa, aplicada a la longitud de uña que prefirieras, o los colores pasteles o nudes. Se consideraba elegante y femenino, lo preferido por una gran cantidad de féminas.

Cabe destacar, también, que a medida que la mujer se fue internando en el mercado laboral, el tamaño de la uña se acortaba para adaptarse a sus necesidades. Pese a eso, las mujeres no renunciaban a querer ver sus manos cuidadas, brillantes y bonitas.

Y, finalmente, en los 90 se llevaron los neones. Los colores atrevidos y rebeldes se abrieron paso hasta hoy, cuando cualquier color nos parece normal. Claro que nos lo parece. ¿Tú has visto las fantasías que algunos llevan pegadas a las manos? Como la primera foto de este artículo. Hombres y mujeres acogen en sus uñas obras de arte a base de esmaltes permanentes y porcelanas, diseños intrincados, pedrería incrustada sobre verdaderas esculturas en miniatura… ¡Eso sí que es para gente que no tiene pensado tocar nada!

(Nota extra: si quieres fliparlo de verdad, busca ‘gyaru nail art’ en Google… y sorpréndete.)

Ahora, dime: si eres hombre, ¿te has pintado las uñas alguna vez? ¿Cómo? Y si eres mujer, ¿cuál es tu diseño favorito, si tienes alguno? Aún hay féminas que prefieren dejarse las uñas tal y como crecen, y perfecto me parece, si tengo que ser sincera.

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