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Niccolò Paganini, el violín del Diablo

8 diciembre, 2017

Niccolò Paganini nació en Génova en 1782, y como ocurre con genios de todos los ámbitos, ya desde niño asombraba su gran destreza musical. Con cinco años aprendió a tocar la mandolina gracias a su padre, y a los siete se inició con el violín, presentándose públicamente por primera vez a los doce.

Pero la historia de este magistral músico italiano es algo diferente a las demás…

'Paganini' Óleo sobre cartón sobre panel de madera (1831). Eugène Delacroix. Niccolò Paganini, el violín del Diablo
‘Paganini’ Óleo sobre cartón sobre panel de madera (1831). Eugène Delacroix.

Violín, fama y excesos

A los dieciséis quedaba ya claro que Paganini era un genio de la m´úsica. Por consiguiente, la fama se le subió a la cabeza y le hizo olvidarse en cierta forma de su camino. Pese a una reconocida fealdad que le acompañaría durante toda su vida, perdía el norte por las mujeres y se dejaba llevar por ellas, así como por el alcohol. Esa fue la época en la que se creó la leyenda de su pacto con el Diablo. Su adicción a la bebida, que no podía ser erradicada, de pronto dejó de existir gracias a una misteriosa benefactora femenina, siempre anónima, que logró que el joven violinista superara su alcoholismo.

Antigua ilustración de Niccolò Paganini. Niccolò Paganini, el violín del Diablo
Antigua ilustración de Niccolò Paganini.

El violinista del Diablo

A partir de dejar atrás su adicción, el artista regresó a los escenarios con un ímpetu mucho mayor que le llevó a realizar verdaderas proezas: con tan solo 22 años ya tocaba obras completas sin partitura, lo que le posibilitaba contorsionarse de forma perturbadora sobre el escenario mientras sus dedos largos y ágiles se movían a velocidad de vértigo sobre las cuerdas.

Molde de la mano derecha de Niccolò Paganini, obviamente afectada por el Síndrome de Marfan. Niccolò Paganini, el violín del Diablo
Molde de la mano derecha de Niccolò Paganini, obviamente afectada por el Síndrome de Marfan.

Tocó en conciertos alrededor de todo el mundo, donde improvisaba según le apetecía. También interpretaba obras complejas con una sola cuerda del violín, tocando a varias voces a la vez, e incluso interpretaba movimientos a 12 notas por segundo. Todo ello, unido a sus ropas perpetuamente negras y a su constitución desproporcionada (debido a una enfermedad que hoy en día llamamos Síndrome de Marfan) le convirtieron en el núcleo de las especulaciones, admiraciones y temores del público de la época.

Cartel de un concierto de Paganini (1831), por Richard James Lane. Niccolò Paganini, el violín del Diablo
Cartel de un concierto de Paganini (1831), por Richard James Lane.

Obra y muerte de un genio de la música

Aunque su obra fue amplísima y su carrera plagada de éxitos, tuvo que retirarse de los escenarios con apenas 54 años, debido a un compendio de enfermedades (tuberculosis, sífilis y hemoptisis). Vendió todos sus efectos personales, ya que durante esa época se encontraba en bancarrota, y a los 58 años falleció.

Cuentan que en sus últimos momentos se negó a recibir la extrema unción, por lo que el obispo de Niza denegó la sepultura de sus restos. Eso no hizo más que alimentar la llama de su supuesto trato con el Diablo, que le llevó a la cúspide del éxito y, finalmente, a la más honda fosa del fracaso.

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¡Nos leemos en el próximo post!

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