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Pablo Neruda: capitán del verso hispano. Parte 2.

8 octubre, 2017

Aquí volvemos con la segunda y última parte de esta breve biografía sobre la carrera literaria del gran maestro Neruda. Espero que, si disfrutásteis la primera, este cierre no sea menos 😉

De Madrid a París, Chile e Italia

Como ya mencionamos en la parte 1, tras ser nombrado cónsul por Chile en la capital española, el poeta imprimió Residencia en la Tierra en 1935. Un par de años después, en 1937, se dirigió a París en plena guerra civil española. Allí escribió España en el corazón, otro poemario que muestra con crudeza la realidad de la batalla que se estaba llevando a cabo en la Península, y que Neruda expone desde un frente idealista y reivindicativo.

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Pablo Neruda, ‘España en el corazón’, (1937)

Tras la guerra el poeta regresó a Chile, y en 1942 publicó América, no invoco tu nombre en vano, donde reflexionaba sobre la historia y el futuro del continente, en una oda melancólica que exponía sus responsabilidades para con su patria.

En 1946 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile, pero la fortuna no le duró mucho. Al hacer público su alegato Yo acuso, con el que denunciaba la persecución a los sindicatos por el presidente González Videla, se ordenó la detención del poeta. Logró esquivarla gracias al refugio que le ofreció su gente más cercana, y durante el tiempo en que permaneció escondido preparó una de sus mayores obras, Canto general, que se distribuyó furtivamente en todo el país de Chile.

En 1952 se afincó en Italia, donde escribió Las uvas y el viento, y poco después fue anulada su orden de detención en Chile, donde fue a residir los años siguientes. Durante ese tiempo nunca dejó de escribir, y sus obras siguieron apareciendo una tras otra: Oda a la tipografía, Cien sonetos de amor, Navegaciones y regresos y Estravagario, entre muchas otras. Esta última es uno de sus poemarios favoritos, cargado de un humor y una ironía que había usado muy poco hasta el momento. Sus escritos románticos y de índole política quedaron relegados a un segundo plano en el caso de Estravagario, y el autor se centró en convertirlo en un reflejo mucho más íntimo de su propio ser, de su forma de ver el mundo y sus tribulaciones internas.

Premio Nobel, fallecimiento y obras póstumas

El poeta fue nombrado embajador en París en 1970, y en el 71 se convirtió en el tercer escritor latinoamericano en obtener el Premio Nobel de Literatura. Poco después renunció a su cargo de embajador debido a problemas de salud, y en septiembre de 1973 Neruda moría en Santiago de Chile a causa de un cáncer de próstata.

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Pablo Neruda recibiendo el Premio Nobel de Literatura (1971)

Pero sus letras no desaparecieron junto a su cuerpo, sino que continuaron un recorrido que siguió ampliándose hasta tiempo después de su fallecimiento. Un puñado de obras que había escrito antes de morir vieron la luz entonces: El corazón amarillo, 2000, Elegía y Defectos escogidos, entre otras. Finalmente apareció el último de sus libros, Confieso que he vivido, una autobiografía donde recoge sus pensamientos y memorias, todas sus impresiones acerca de su vida y de cómo la encaminó hasta, prácticamente, el último de sus días.

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Pablo Neruda, ‘Confieso que he vivido’ (1974)

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Algunos fragmentos de sus últimos textos:

España en el corazón (1937)

INVOCACIÓN

Para empezar, para sobre la rosa

pura y partida, para sobre el origen

de cielo y aire y tierra, la voluntad de un canto

con explosiones, el deseo

de un canto inmenso, de un metal que recoja

guerra y desnuda sangre.

España, crisdtal de copa, no diadema,

sí machacada piedra, combatida ternura

de trigo, cuero y animal ardiendo.

Mañana, hoy, por tus pasos

un silencio, un asombro de esperanzas

como un aire mayor: una luz, una luna,

luna gastada, luna de mano en mano,

de campana en campana!

Madre natal, puño

de avena endurecida,

planeta

seco y sangriento de los héroes!

Estravagario (1958)

NO TAN ALTO (fragmento)

De cuando en cuando y a lo lejos

hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien

y todo está muy mal, sin duda.

Van y vienen los pasajeros,

crecen los niños y las calles,

por fin compramos la guitarra

que lloraba sola en la tienda.

Todo está bien, todo está mal.

Las copas se llenan y vuelven

naturalmente a estar vacías

y a veces en la madrugada,

se mueren misteriosamente.

Las copas y los que bebieron.

Hemos crecido tanto que ahora

no saludamos al vecino

y tantas mujeres nos aman

que no sabemos cómo hacerlo.

Qué ropas hermosas llevamos!

Y qué importantes opiniones!

Conocí a un hombre amarillo

que se creía anaranjado

y a un negro vestido de rubio.

Se ven y se ven tantas cosas.

Confieso que he vivido (1937, fragmentos)

“…Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno…. Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe… Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo… El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso… Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas… Tropiezo en una piedra, escarbo la cavidad descubierta, una inmensa araña de cabellera roja me mira con ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo… Un cárabo dorado me lanza su emanación mefítica, mientras desaparece como un relámpago su radiante arco iris… Al pasar cruzo un bosque de helechos mucho más alto que mi persona: se me dejan caer en la cara sesenta lágrimas desde sus verdes ojos fríos, y detrás de mí quedan por mucho tiempo temblando sus abanicos… Un tronco podrido: ¡qué tesoro!… Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma… Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes… Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos…”

“Pero la poesía no ha muerto, tiene las siete vidas del gato. La molestan, la arrastran por la calle, la escupen y la befan, la limitan para ahogarla, la destierran, la encarcelan, le dan cuatro tiros y sale de todos estos episodios con la cara lavada y una sonrisa de arroz.”

“Nos acercamos al cielo en veloces cohetes y no acercamos nuestras manos en la fraternidad humana.”

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Aquí finaliza la segunda y última parte de este artículo sobre el gran autor chileno Pablo Neruda, que con su prosa y con su verso hizo las delicias de lectores de todo el mundo.

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