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Hansel y Gretel. La realidad fue menos azucarada y más brutal

31 marzo, 2019

La crudeza del medievo, por cortesía de Hansel y Gretel

La historia que casi todos recordamos de Hansel y Gretel, como de muchos otros cuentos clásicos de la literatura infantil, está bien clara: un leñador pobre con dos hijitos y una segunda esposa que odia a los niños. La madrastra, viendo la economía precaria en la que se encuentran, decide abandonar a los pequeños a su suerte en el bosque para no tener que alimentarlos.

'Hansel y Gretel', ilustración por Alexander Zick. Fuente: Pinterest. Hansel y Gretel. La realidad fue menos azucarada y más brutal
‘Hansel y Gretel’, ilustración por Alexander Zick. Fuente: Pinterest

La versión “azucarada” de los hermanos Grimm

A partir de ahí la cosa llega sola: haciendo un caminito con piedras los niños vuelven a casa, y vuelven a abandonarlos todavía más adentro en el bosque. Esta vez deciden usar migas de pan para marcar su camino, pero los pájaros las devoran y los niños se pierden definitivamente… ahí, tras horas de vagar sin rumbo, encuentran una hermosa casa hecha de dulces de todo tipo, que empiezan a comerse porque están muertos de hambre. Pero dentro vive una bruja, que los invita a pasar a tomar algo y de paso los secuestra. Durante muchos días mantiene a Gretel trabajando de sirvienta, y a su hermano encerrado en una jaula, alimentándolo como a un cerdo con la intención de matarlo y comérselo después… todos conocemos la mítica escena del dedo-hueso, una estratagema de Hansel (que sabe mucho) para aprovecharse de que la bruja no ve un carajo y hacerle creer que, por mucho que coma, no engorda ni un gramo.

Ilustración del cuento de 'Hansel y Gretel'. Autor desconocido. Fuente: Pinterest. Hansel y Gretel. La realidad fue menos azucarada y más brutal
Ilustración del cuento de ‘Hansel y Gretel’. Autor desconocido. Fuente: Pinterest

En fin. No sé si conocerás el resto de la historia, pero te la resumo: con ayuda de Gretel Hansel escapa de la jaula, y juntos se pelean con la bruja hasta que de un empujón la meten en el horno y la queman viva. Sin ningún tipo de trauma en sus jóvenes cerebros, saquean la casa de joyas y demás objetos de valor (se ve que la anciana era dada el coleccionismo), salen al bosque, encuentran el camino de vuelta a casa y se reúnen con su padre, solo para que este les cuente que la madrastra ha muerto y ahora pueden vivir todos juntos y felices de nuevo, sin pasar más penurias gracias a los bienes que los niños han traído.

Yo siempre he tenido la teoría de que la bruja y la madrastra eran la misma persona desdoblada, pero eso es otra historia. A lo que voy ahora es a lo siguiente:

¿Cómo fue todo en realidad?

Tras esta rápida ojeada a la historia que nos contaron los buenos de los hermanos Grimm allá por 1812, podemos pensar dos cosas: una, que ya de por sí no era lo más family friendly del mundo, con viejas quemadas, abandono de menores y canibalismo. Y dos: que quizá hubo algo antes de eso. Y es lo que vengo a contarte hoy, la verdadera historia de Hansel y Gretel.

Bosque. Autor desconocido. Fuente: dumielauxepices. Hansel y Gretel. La realidad fue menos azucarada y más brutal
Bosque. Autor desconocido. Fuente: dumielauxepices

La historia de Hansel y Gretel no es más que un cuento popular que se remonta a la Alemania del Medievo. Pero a diferencia de la historia de los hermanos Grimm, la versión original está plagada de referencias y simbolismos más que evidentes, así como de una crudeza extrema que nos habla de lo que era el día a día en la Edad Media. María Tatar, estudiosa del folklore de la época, comenta en detalle lo que el cuento pretenía transmitirnos:

Dos pequeños, Hansel y Gretel, que vivían con sus padres, son “iniciados forzosamente en la adultez” siendo abandonados en un bosque. Hasta aquí la cosa no parece muy diferente, hasta que se señala que el rito de iniciación era una práctica habitual a la que eran sometidos los niños de ciertas culturas indo-europeas de la antigüedad, para demostrar su valía y dar a conocer a todos que ya podían sobrevivir por sí mismos. En el caso de Hansel y Gretel, desgraciadamente, es como comenté arriba una “iniciación forzosa”, ya que la época de penuria extrema en la que vivían abría la posibilidad de que sus propios padres se los comieran (de nuevo, canibalismo). Debido a eso, deciden abandonarlos en el bosque para evitar que el hambre les haga cometer una atrocidad tal como comerse a sus hijos. Nota: por aquel enconces, esta práctica era algo bastante más habitual de lo que nos gustaría.

Los simbolismos prosiguen

Tras ser liberados en el bosque, los hermanos intentan regresar pero las aves se comen las migas de pan que dejan en el camino. Esos pájaros, dicen los expertos, corresponden al gran fantasma del hambre voraz que planeaba siempre sobre la Edad Media, sobre todas sus gentes y todas sus costumbres. Esos pájaros muestran la realidad: ya no hay camino de vuelta, no pueden regresar a casa porque eso supondría, más que posiblemente, la muerte.

Como punto final pero no menos importante: la famosa casa de dulces en la que vive la bruja. Muchos apuntan a que este edificio y la propia figura de la hechicera no son más que un disfraz sobre otro disfraz, para como dirían en inglés, sugarcoat (cubrir de azúcar) la espeluznante realidad a la que se enfrentan los niños: es su madre la propia bruja, aquella que desea comérselos con todo el ansia de un carácter retorcido por el hambre. La mujer engendra ambas figuras, la madre amorosa y la hechicera caníbal, dos personalidades luchando dentro de un propio cuerpo que casi se salen con la suya a la hora de devorar a los pequeños. Creo que aquí se explica ese paralelismo que personalmente siempre he encontrado entre el asesinato de la bruja y la repentina muerte de la madrastra en el cuento de los Grimm. Demasiado abrupta, escondiendo algo.

Pero Gretel, que hasta el momento (y a diferencia de su hermano) se muestra apartada y casi esquiva hasta ese momento, hace gala de repente de un ingenio inesperado al idear el plan perfecto para salvar a su hermano y asesinar a la vieja. Esto, junto al hecho de saquear por completo la casa y poder vivir por su cuenta (recordemos que ya son adultos) era otra muestra de independencia en el Medievo: salir adelante por tus propios medios haciendo lo que tuvieras que hacer y sin caer en la trampa del remordimiento. Si te ayuda a sobrevivir un día más, no puedes vacilar, y eso hacen Hansel y Gretel cuando arrasan con todos los bienes de la casa tras quemar viva a la bruja. Como vemos, su horrible forma de morir no ha cambiado.

Ilustración de 'Hansel y Gretel'. Autor desconocido. Fuente: Pinterest. Hansel y Gretel. La realidad fue menos azucarada y más brutal
Ilustración de ‘Hansel y Gretel’. Autor desconocido. Fuente: Pinterest

Lo innegable en la tragedia

Quizá, tras todo este terror y la sanguinaria depravación que tanto nos espanta ahora, podemos encontrar un aviso y un aprendizaje: a veces hasta ese famoso dicho “cuando hay hambre no hay pan duro” se nos puede quedar corto. Hubo épocas en las que el hambre dominaba el mundo, y aún a día de hoy podría seguir siendo así a escala global de no ser porque nuestras condiciones, en muchos lugares, ya han cambiado. Pero solo falta cruzar esa fina línea que separa la comodidad de la necesidad para que nos convirtamos de madres protectoras a ansiosas brujas, dispuestas a hacer cualquier cosa para saciar el hambre.

Puede que la historia de Hansel y Gretel nos resulte informativa, curiosa y hasta morbosa, pero no podemos olvidar la potente lección que carga consigo. Y atado a ello, como un extra, el deber de agradecer cada día todo lo que nos rodea.

¿Por qué no das a conocer un poco más la verdadera simbología tras la historia de Hansel y Gretel? Para hacerlo puedes compartir, regalar tu “like” y/o comentar este artículo en tus RRSS. Dime si te gustaría que esto se convirtiera en una serie, donde descubramos juntos lo que se esconde tras los cuentos populares que todos conocemos…

¡Nos leemos en el siguiente post! 😉

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