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Caperucita Roja: el trasfondo de la historia que jamás nos contaron

5 junio, 2019

El rojo es por la sangre: la tragedia de la Caperucita Roja

Hace algunas semanas, iniciando este recorrido por los cuentos clásicos de la literatura infantil, te contábamos un poco más sobre la ampliamente conocida Hansel y Gretel, y la verdadera simbología que se ocultaba tras la historia de esos dos hermanos que fueron abandonados en el bosque. Pues bien, hoy, para seguir la tónica, nos adentraremos de nuevo en la espesura para conocer el verdadero rostro de la Caperucita Roja, esa niña que no sabía distinguir entre su abuela y un cánido famélico parlante.

¿Te apetece que las cosas se vuelvan un poco oscuras? Entonces quédate…

'Caperucita Roja', óleo sobre lienzo por François Fleury-Richard (1820). Fuente: WikiArt. Caperucita Roja: el trasfondo de la historia que jamás nos contaron
‘Caperucita Roja’, óleo sobre lienzo por François Fleury-Richard (1820). Fuente: WikiArt

La vida en el Medievo

Hay bastantes puntos de conexión entre Hansel y Gretel y la Caperucita Roja: la historia original proviene de la Edad Media en ambos casos, por ejemplo, y los protagonistas son niños pequeños buscándose la vida en un bosque lleno de peligros. Pero, mientras los hermanos eran avispados y se las sabían todas, nuestra Caperucita estaba algo más atontada.

Muchos expertos coinciden en que Caperucita Roja es uno de los relatos que más se ha deformado con los siglos. Como en una especie de juego del teléfono muy benevolente, los detalles escabrosos se han ido limando, y se les ha aplicado un glaseado que ha hecho que la historia brille y sea amada, más que temida, por los niños.

El lobo persiguiendo a Caperucita. Ilustración de autor desconocido. Fuente: Pinterest. Caperucita Roja: el trasfondo de la historia que jamás nos contaron
El lobo persiguiendo a Caperucita. Ilustración de autor desconocido. Fuente: Pinterest

Entre Charles Perrault y los Hermanos Grimm (que adaptaron la historia dos veces en dos siglos diferentes), consiguieron convertirla en lo que es hoy en día: un final feliz sin detalles reseñables.

Pero si vamos al cuento original, nos encontramos con que gira en torno a dos ejes principales: el canibalismo y los ritos iniciáticos infantiles. Sí, exactamente como en Hansel y Gretel.

La desdicha de la niña de rojo

En origen, la Caperucita Roja comenzó a ser contada allá por el siglo XIV, en zonas como Italia, donde la llamaban “La finta nonna” (La abuela falsa) y otros países que la adaptaban cada uno a su manera. Todas las versiones son muy parecidas e igual de sangrientas, pero tomaremos una de las más famosas:

La historia nos presenta a una niña a la que su madre envía a casa de su abuela para entregarle una cesta de pan y leche, porque la mujer es muy mayor y no puede moverse demasiado. Antes de salir, la madre le advierte de que tenga cuidado porque el camino es peligroso, está lleno de lobos y todos los aldeanos lo temen. La pequeña se prepara, cubriéndose con una gran caperuza de color rojo intenso, y recorre el trayecto con mucho miedo pero, fuera de todo pronóstico, sin problemas.

Cuando llega está hambrienta. Encuentra a su abuela enrollada en la cama, quien le dice amablemente, con voz algo rasposa, que en la alacena tiene algo de carne para comer. La niña le hace caso, y se asa el pedazo para almorzar. Termina su comida y, por orden de la abuela, a la que todavía no le ha visto la cara, se prepara para acostarse a su lado. “Quítate toda la ropa”, le pide la anciana. Desde la caperuza hasta la ropa interior, la mujer se lo hace quitar todo y lanzarlo a la chimenea. Cuando la niña (que ya hemos podido ver que no es muy brillante) empieza a dudar, le pregunta por qué le hace quemar su ropa. “Porque ya no vas a necesitarla más”, responde la anciana.

'Caperucita Roja', por Gustave Doré. Óleo sobre lienzo de 1862. Fuente: Pinterest. Caperucita Roja: el trasfondo de la historia que jamás nos contaron
‘Caperucita Roja’, por Gustave Doré. Óleo sobre lienzo de 1862. Fuente: Pinterest

Y sí, lo has adivinado: en cuanto se mete en la cama se da cuenta de que no es su abuela quien está allí, sino un gran lobo de aspecto aterrador. Con una sonrisa sádica, él le revela que lo que acaba de comerse para almorzar no es cualquier carne, sino la de su propia abuela. Pero que no se preocupe: en breve la niña irá a hacerle compañía a la anciana, porque piensa devorarla.

Ahora no te creas que en la historia original aparece el leñador o algo parecido; esa figura se introdujo mucho después. En el cuento medieval, una vez que la pequeña se mete en la cama ya no sale nunca más… y ahí acaba la historia.

Los lobos más melosos

Como puede intuirse, la cosa está plagada de simbolismos. Los dos más importantes los comentamos arriba: los ritos de iniciación y el canibalismo (una práctica muy común en la Edad Media, de la que al parecer gustaba mucho hablar). Expertos aseguran que la caperuza, el detalle más característico de la historia y lo que le da nombre, representa la primera menstruación de una niña. El bosque en el que se adentra, ese lugar del que ya jamás podrá salir. Y el lobo que la devora sin piedad encarna la curiosidad por la intimidad física, la lujuria, el salvajismo y la primera experiencia sexual de una persona; o quizá, elucubran otros, los abusos sexuales y la violencia familiar. De nuevo, una mezcla de muchos factores que oscilan entre la injusticia más terrible y el desarrollo humano natural.

Amanda Seyfried como Caperucita Roja en la película homónima (2011). ©Catherine Hardwicke. Fuente: Pinterest. Caperucita Roja: el trasfondo de la historia que jamás nos contaron
Amanda Seyfried como Caperucita Roja en la película homónima (2011). ©Catherine Hardwicke. Fuente: Pinterest

En teoría, tanto antes como ahora la Caperucita Roja ha sido siempre una historia ideada para advertir a los pequeños, en especial a las niñas, sobre encuentros con desconocidos y el peligro que entrañan ciertos lugares y relaciones. Para cerrar este episodio, te dejamos con un pedacito de una famosa rima-moraleja que ideó Perrault para incluir en su versión de 1697:

<<Las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas

hacen mal en oír a ciertas gentes,

y no hay que extrañarse de la broma

de que a tantas el lobo se las coma.

(…)

¿Quién ignora que lobos tan melosos

son los más peligrosos?>>.

Desde Arte en Todo prometemos no ir a comernos a nadie, y solo esperamos que esos ojos tan grandes que vemos sean, únicamente, para leernos mejor.

Si te ha gustado conocer la versión original de la Caperucita Roja, ¿por qué no la compartes en tus redes sociales, le regalas un “me gusta” bien grande o comentas tu opinión? ¿Conocías la macabra y triste realidad tras este famoso cuento infantil?

¡Nos leemos en el siguiente post!

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