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Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes

28 mayo, 2018

Abierto toda la noche, andanzas de una (no tan típica) familia española

Recuerdo la sonrisa del librero al recomendarme Abierto toda la noche. “Te vas a partir de risa”, aseguró. Y puedo dar fe de que así ha sido, por lo menos en ciertos fragmentos de esta particular novela de David Trueba, escrita en 1995 y distribuida por la Editorial Anagrama.

El guionista y escritor David Trueba. Fuente: Twitter. Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes
El guionista y escritor David Trueba. Fuente: Twitter

Muchas novelas españolas, al igual que las producciones cinematográficas más nuestras, orbitan alrededor de dos factores característicos, pero que van perdiendo solidez con los años: el sexo y las penurias. Y así, como en un hijo macabro entre Los santos inocentes y Átame, parece haberse forjado esta obra del guionista madrileño.

Un rápido bosquejo

Abierto toda la noche nos cuenta las idas y venidas de los Belitre, una familia aparentemente común afincada en un pisito diminuto de Algete, a las afueras de Madrid, en 1986. Así tenemos a Félix Belitre y su esposa, Paula, junto a sus seis hijos, que de mayor a menor serían Félix (Felisín), Basilio, Nacho, Gaspar, Matías y Lucas. Las rutinarias vidas de sus miembros se ven puestas del revés cuando, un día, el abuelo Abelardo y la abuela Alma les anuncian que Ernestina Beltrán, íntima amiga de la abuela con la que esta se carteaba frecuentemente, ha fallecido. Y como agradecimiento al apoyo prestado durante tantos años de enfermedad, lega su palacete en la calle Tremps de Madrid a su queridísima compañera de correspondencia.

La abuela, que vive en un hogar ya confortable, redirecciona la herencia a su familia, y esta inicia una mudanza a la que será la mejor sorpresa de sus vidas.

Portada de 'Abierto toda la noche'. (Editorial Anagrama) ©David Trueba. Fuente: Editorial Anagrama. Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes
Portada de ‘Abierto toda la noche’. (Editorial Anagrama) ©David Trueba. Fuente: Editorial Anagrama

Impresiones generales

Se ha elogiado tanto como se ha criticado a esta novela, tachándola de violenta o de genial. Desde mi punto de vista, quizá los fallos resulten más obvios aquí, ensalzados por la naturalidad con la que el autor lo describe todo. El desparpajo y los escasos ornamentos lingüísticos (que no implican una narrativa poco esforzada) dejan al descubierto las grietas más gigantes en el gotelé de la casa Belitre, revelando la estructura que lo sostiene todo y que en ocasiones parece ir a desmoronarse. Pero, y sin entrar en spoilers de ningún tipo, pasaré a describirte lo que más y menos me ha atraído de la obra.

Podría decir que el humor de Trueba es tan especial como popular, con ese aire nostálgico de las palabras que todos hemos escuchado alguna vez. Y con esas mismas palabras empapa a sus personajes y los humaniza de cierta forma, consiguiendo que en algunos momentos nos olvidemos que somos meros espectadores. La historia está narrada por un ser todopoderoso del que poco sabemos: el mejor amigo de Nacho, el Belitre veinteañero. Y en pocos momentos interviene como el ser humano que se supone que es, recordándonos que tomó parte en ciertas situaciones del desarrollo de la familia, con voz y presencia propia. Lo sabe todo de todo el mundo, y nos lo cuenta desde una perspectiva ajena aunque ligeramente empática.

Portada trasera de 'Abierto toda la noche'. ©David Trueba. Fuente: Fotografía personal. Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes
Portada trasera de ‘Abierto toda la noche’. ©David Trueba. Fuente: Fotografía personal

Algo sobre los Belitre

Cada personaje de la historia, ya sea o no Belitre, cuenta con un sello distintivo y personal que nos ayudará a recordarlo a lo largo de las 236 páginas de venturas y desventuras:

Lucas, un crío de 9 años histérico y consentido, que hace todo lo posible por sacar de sus casillas a quien sea.

Matías, un preadolescente de 12 años con una extraña enfermedad mental (inventada, por cierto, por el propio autor), que le hace tomar el rol de otra persona sin abandonar en ningún momento su propia personalidad. En su caso, se cree Félix padre.

Gaspar, un muchacho de 14 romántico y soñador, aferrado con clavos a su amor por su hermosa vecina Violeta y a sus aspiraciones literarias.

Nacho, un ligón de cuidado que acaba de cumplir la veintena. Aficionado a acostarse con mujeres entre los 18 y los 40 y después hacer como que no está en casa cuando llaman, y a tocar en su grupo amateur.

Basilio, de 22 años, envuelto por completo en un indestructible complejo de inferioridad. Víctima de un acné que estalla con sangrienta violencia, de un cuerpo grueso y matratado y de una oreja medio desprendida por una enfermedad de naturaleza pútrida, su único consuelo es dar rienda suelta a su gran talento para los cómics.

Félix “Felisín”, un impulsivo hombre de 28 años amante del cine de culto (y no tan de culto), que encontró esposa en una azafata de cigarrillos de Niza. Tras su vuelta a España, instala a la silenciosa Nicole en la residencia familiar, desatando desavenencias y admiraciones.

Félix padre, un cincuentón hastiado que se siente desplazado de su rol como cabeza de familia, ya que su hijo Matías lo desempeña con mayor soltura y eficacia.

Y Paula, la paciente y abnegada madre, cuyo nombre (si no recuerdo mal) solo es mencionado al inicio, en un escueto árbol familiar cortesía del narrador. Tras eso, sus acciones y palabras hablan más que cualquier denominación que pudieran darle.

Además de esto tenemos al abuelo Abelardo, un poeta católico furibundo completamente volcado en su Biblia y en sus versos, y a la abuela Alma, quien agradece las poesías que su esposo le dedica con apelativos tales como cabronazo o gilipollas. Una dama que elegantemente sigue carteándose con su amiga muerta, y que se niega a abandonar su cama a menos que resulte estrictamente necesario. Liberal, malhablada y cosmopolita, una de esas grandes fuentes de risas.

Poema del abuelo Abelardo. ('Abierto toda la noche'. ©David Trueba) Fuente: Fotografía personal. Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes
Poema del abuelo Abelardo. (‘Abierto toda la noche’. ©David Trueba) Fuente: Fotografía personal

Personalmente, opino que Abierto toda la noche guarda sus mejores bazas en el desarrollo de personajes, que es complejo y firme, sin olvidarse de ninguno. Aunque sí eché en falta que se mencionaran más las inquietudes de las mujeres de la historia, que parecen haber sido sentenciadas por el autor a vivir en un segundo plano de sordidez y matratos, tanto físicos como psicológicos, que llegan a resultar desesperantes.

Lujuria e infortunios, lo incómodo de la idea

Con esto, entro en lo que menos me gustó de la historia, y que trataré con brevedad: como dije arriba, David Trueba recurre a esas temáticas tan manidas del cine y la literatura de este país: el sexo y las desgracias. Y a veces lo hace bien, pero otras no tanto. La crudeza de muchas situaciones que se leen en la novela es comprensible, casi se agradece que te hablen claro, pero otras, quizá, podrían haberse evitado. Parece forzada esa intención suya por describirnos las aventuras, descubrimientos y perversiones sexuales no solo de los Belitre, sino de todos y cada uno de los personajes con los que se van encontrando por el camino. Y aunque no termina de resultar pesado (porque la imaginación de Trueba no falla en sacarte alguna que otra exclamación), sí puede que cause una impresión desfavorable en el grueso de sus lectores.

Árbol familiar de los Belitre. ('Abierto toda la noche'. ©David Trueba) Fuente: Fotografía personal. Abierto toda la noche, de David Trueba. Narración para estómagos fuertes
Árbol familiar de los Belitre. (‘Abierto toda la noche’. ©David Trueba) Fuente: Fotografía personal

En resumen: personajes maravillosos (aunque desagradables en ciertas ocasiones), situaciones cómicamente ingeniosas y un desarrollo bastante decente desde el inicio hasta el final, pero con alusiones quizá demasiado recurrentes a los mundos más sórdidos y a las bajezas más terribles del ser humano. Además, como mujer, debo resaltar algo: de todos los personajes femeninos que aparecen en la historia, me faltan dedos en una mano para contar los que no fueron sometidos a tratos vejatorios, violencia doméstica, prostitución o cosas todavía peores. Incluso estaba esa vecina que… ah, no, ya. Que eso sería spoiler.

Si quieres leer más sobre David Trueba y su obra, aquí tienes su página web oficial. Y ahora te invito a que, si este artículo te ha interesado y no se te ha hecho muy cuesta arriba, lo compartas en tus redes sociales y le regales tu inestimable “like” 😉

¡Ah! Y si decides leerte o te has leído ya Abierto toda la noche, ¿por qué no dejas un comentario contándome tu experiencia con esta novela? ¿Estás de acuerdo conmigo cuando digo que, o la amas por completo, o la odias para siempre?

¡Nos vemos en el siguiente post!

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