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Antonio Corradini, los velos de mármol del neoclasicismo

23 abril, 2018

El maestro de los velos en la escultura del neoclasicismo, Antonio Corradini

De Antonio Corradini no hay demasiada información que pueda considerarse cien por cien fiable. Ya desde su fecha y lugar de nacimiento existen dudas; su vida privada era un verdadero misterio. Pero lo que nos importa hoy, su escultura, permanecerá ahí y es sincera y estable. Sus obras cuentan más de él que todos los detalles íntimos que pudieran obtenerse, por lo que hoy nos centraremos en admirarlas y hablar un poco sobre ellas.

'La Pietà', de Antonio Corradini. Mármol. (1723-1724). San Moisè, Venecia, Italia. Fuente: Wikimedia Commons. Antonio Corradini, los velos de mármol del neoclasicismo
‘La Pietà’, de Antonio Corradini. Mármol. (1723-1724). San Moisè, Venecia, Italia. Fuente: Wikimedia Commons

Lo poco que sabemos

Según dicen Corradini nació en Padua, una ciudad del norte de Italia, en 1688. Cuentan de él que nació en el núcleo de una familia de orígenes trabajadores, y en la adolescencia ingresó como aprendiz de Antonio Tarsia, un escultor apreciado de la época con quien se formó sus primeros años.

A partir de ahí, sus maravillas profesionales abarcan desde piezas para el zar de San Petesburgo, pasando por monumentos encargados por la realeza austríaca, hasta esculturas en la capilla de Sanservero, Nápoles, bajo órdenes del príncipe Raimondo di Sangro.

De hecho, lo que hizo que su talento fuese reconocido en todas partes del mundo fue ese primer encargo del zar Pedro el Grande. Para él esculpió la que se convertiría en la primera de sus “mujeres veladas”, una suerte de serie de obras plagadas de misterio y un virtuosismo casi innato que realizó a lo largo de toda su carrera.

'La Purità' (Dama Velata), de Anotnio Corradini. Mármol. (1720-1725). Museo del Settecento Veneziano, Palacio Ca' Rezzonico, Venecia. Fuente: ArtStack. Antonio Corradini, los velos de mármol del neoclasicismo
‘La Purità’ (Dama Velata), de Anotnio Corradini. Mármol. (1720-1725). Museo del Settecento Veneziano, Palacio Ca’ Rezzonico, Venecia. Fuente: ArtStack

El mayor de los honores

Tras aquella primera creación se mudó a Viena, donde Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, le nombró escultor de la corte y le pidió que creara el monumento al Arca de la Alianza.

Durante los años en los que ocupó el cargo, se estima que cerca de 13, diseñó muchas otras obras de menor índole. Y cuando en 1743 se trasladó a Italia (donde estuvo oscilando entre Roma y Nápoles), inició algunos de sus proyectos de mayor envergadura hasta la fecha. Como las esculturas en la capilla de Sanservero encargadas por el príncipe del mismo nombre, para quien formó un complejo diseño de estatuas veladas, relieves, grabados, pedestales y demás detalles que convirtieron la Capilla en un verdadero deleite visual.

Para el príncipe también realizó una representación en mármol de su madre, Cecilia Gaetani dell’Aquila d’Aragona Sanseverino, que colocó sobre su tumba. Por supuesto la dama apareció velada, y se convirtió con el paso de los siglos en una de las esculturas más hermosas y representativas de toda la trayectoria de Antonio Corradini. La bautizó como La Pudicizia (La Modestia), y puedes verla a continuación en su emplazamiento original:

'La Pudicizia', de Antonio Corradini. Mármol. (1750, aprox.) Capilla Sanservero, Italia. Fuente: Italian Ways. Antonio Corradini, los velos de mármol del neoclasicismo
‘La Pudicizia’, de Antonio Corradini. Mármol. (1750, aprox.) Capilla Sanservero, Italia. Fuente: Italian Ways
Detalle de 'La Pudicizia'. Fuente: Historia Arte. Antonio Corradini, los velos de mármol del neoclasicismo
Detalle de ‘La Pudicizia’. Fuente: Historia Arte

Hiperrealismo en mármol

El camino profesional de Corradini fue mucho más amplio que lo que te he contado aquí, pero fue de este modo porque sus habilidades excedían la norma impuesta por los escultores corrientes de la época. Las texturas de las telas y los lazos; el efecto de las transparencias y la delicadeza con la que los velos se deslizaban sobre los rostros y los cuerpos de las mujeres que esculpía, adaptándose de forma exquisita a sus curvas y revelando no mucho ni poco, sino lo justo de sus rasgos y anatomía… y todo sirviéndose de un material tan resistente y opaco como el mármol, que logró moldear a su antojo como si no fuera más que pasta fría entre sus dedos. Cada diminuto fragmento de sus obras es un pequeño milagro, alabado por innumerables críticos en la actualidad. Algunas de sus creaciones pueden verse en lugares como el Museo Louvre de París, la Basílica de San Marcos de Venecia o el Palazzo Barberini de Roma.

Antonio Corradini fue un pionero en el arte de esculpir algo tan difuso como el misterio. Los enigmas de sus damas veladas no se esclarecerán por mucho que intentemos retirar las telas que las cubren, porque son parte de ellas. Y eso es lo que las convierte en verdadera magia.

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¡Nos leemos en el próximo post!

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