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Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden

9 septiembre, 2018

El neoclasicismo más puro de la mano de Antonio Canova, genio de la epidermis

Para Antonio Canova (Possagno, Venecia, 1757), la sensación de contacto era esencial en una obra de arte. La belleza canalizada a través de filtros tradicionales, un elegante erotismo y la suavidad de los tejidos orgánicos son algunos de los sellos distintivos de su escultura neoclásica, alimentada a su vez con influencias de autores muy variados, tanto pertenecientes al ámbito escultórico como a otras ramas del arte.

'Las Tres Gracias', de Antonio Canova. Mármol. (1814-1817). Fuente: Pinterest. Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden
‘Las Tres Gracias’, de Antonio Canova. Mármol. (1814-1817). Fuente: Pinterest

La belleza de tocar

Desde muy niño (con apenas 11 años) comenzó a estudiar escultura en Venecia. Su padre era tallador de piedra y eso pareció haber encendido la chispa de la curiosidad en el pequeño Canova, que desde sus inicios resultó obviamente encandilado por el encanto de las obras clásicas.

Durante su carrera profesional, se inspiraba en el trabajo de artistas como Bernini y en piezas de la literatura greco-romana, y lentamente su reputación fue aumentando hasta otorgarle la fama de autor refinado, sensible y discreto. Todo lo que él ganaba en moderación, sus obras lo hacían en magnificencia, y se convirtió en un pionero en el arte del realismo de la piel. Cada milímetro de sus esculturas se fue convirtiendo en una oda al sentido del tacto, despertando sensaciones en los espectadores sin necesidad de que tocaran la piedra.

'Hércules y Licas', de Antonio Canova. Mármol. (1795-1815). Fuente: Pinterest. Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden
‘Hércules y Licas’, de Antonio Canova. Mármol. (1795-1815). Fuente: Pinterest

El embrujo de lo simple

Para Canova existían las ciencias en su proceso de creación, pero las utilizaba de la forma más restringida posible, sin involucrarlas en la apreciación final de sus esculturas. Trabajaba con el sentimiento. Buscaba el deseo de tocar una piel suave, hundir las uñas en la carne, pasar las manos por la seda de un vestido o aferrarse a la roca de un peñasco, y eso le impulsaba a crear. Pese a verse una evidente influencia barroca en sus obras, resulta aún más evidente su intención de dejar atrás la pompa de esa época, la suntuosidad y el exceso de elementos, para centrarse en lo estrictamente necesario y trabajarlo hasta lograr un resultado soberbio.

'Magdalena penitente', de Antonio Canova. Mármol. (1794-1796). Fuente: El Mundo del Museo. Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden
‘Magdalena penitente’, de Antonio Canova. Mármol. (1794-1796). Fuente: El Mundo del Museo

La faceta oculta del artista afable

Sus referencias eran románticas y épicas, inspiradas en las obras de autores como Homero u Ovidio, representando pasajes de sus escritos o personajes que despertaban la emoción del autor. Son ejemplo de esto obras como Las Tres Gracias (una leyenda griega que nos presenta a las tres diosas encargadas de animar las fiestas más placenteras), Eros y Psyche o Teseo en lucha con un centauro (leyenda, también de origen griego, que nos cuenta el momento en el que el héroe Teseo se bate en duelo con un centauro, pues estas criaturas solían raptar a las damas humanas que más les gustaban).

'Teseo en lucha con un centauro', de Antonio Canova. Mármol. (1804-1819). Fuente: Masdearte. Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden
‘Teseo en lucha con un centauro’, de Antonio Canova. Mármol. (1804-1819). Fuente: Masdearte

Esta última pieza (que podemos ver arriba) es el resultado de una época especialmente sensible para Antonio Canova, pues la crítica solía tacharle de excesivamente delicado, y su estilo de demasiado distinguido, con poca crudeza y visceralidad. Por lo tanto, decidió que demostraría sus aptitudes dramáticas con una obra que mostrara los últimos momentos de una criatura antes de ser asesinada.

La reputación, tanto profesional como personal de Antonio Canova, estuvo siempre rodeada de un halo de misterio impulsado, más que probablemente, por su poco ortodoxa situación sentimental. Pese a conocérsele diversas amantes a lo largo de su vida, jamás estuvo casado, ni siquiera emparejado formalmente; y sus ataduras amorosas fueron más bien pocas. Tenía amigos, eso sí, aunque jamás se le veía demasiado en actos sociales ni llamaba la atención cuando asistía.

Además era reconocida su faceta religiosa, que siempre fue debidamente reflejada en su obra, y sus hábitos saludables y metódicos que le hicieron escalar de forma tan rápida como segura a la cúspide de la escultura europea de la época.

'Paulina Bonaparte como Venus Victoriosa', de Antonio Canova. Mármol. (1804-1808). Fuente: Pinterest. Antonio Canova y su escultura neoclásica. Cuando piedra y piel se funden
‘Paulina Bonaparte como Venus Victoriosa’, de Antonio Canova. Mármol. (1804-1808). Fuente: Pinterest

Reconocido como el único escultor neoclásico que podía competir en talento y habilidades con el genio Bernini, Antonio Canova vivió su vida dándosela a lo inerte. Casi parece que la tomaba de sí mismo para implantarla en el mármol, y el alma que depositaba con cada golpe de martillo le hicieron marcar, casi sin darse cuenta, la diferencia en el panorama de la escultura europea de principios del siglo XIX.

Si no lo conocías y te ha gustado saber sobre él, o si ya habías oído hablar de su obra y no te cansas de verla, ¿por qué no compartes este artículo en tus redes sociales? O también puedes regalarle tu inestimable “like” y dejar un comentario, me encantaría leerte 😉

¡Nos vemos pronto!

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